viernes, 13 de octubre de 2017

TU FELICIDAD NO ES NEGOCIABLE


Ella está casada. 



Pero eso no significa que tenga que conformarse con su marido. 



La vida es muy corta. 



Y sólo se vive una vez. 


Tú también fantaseas con estar con uno de esos tíos negros y sexy. 



No me puedes engañar. 



Te has imaginado muchas veces cabalgando sobre unos abdominales en relieve y sudorosos. 




Le dices a tu marido que no te gustan los hombres musculosos, pero mientes. 




No paras de soñar con verte sometida por un macho así. 



Un tío grande, un monumento de ébano brillante y duro como el acero. 




Te gustaría sentirte poseída por un hombre negro, arrogante y potente.
No lo niegues. 



Amas a tu marido, pero él no puede proporcionarte ese escalofrío vaginal
como un hombre de esta categoría, ¿verdad?



No te resistas. Es la era del feminismo sin fronteras.
 Ha llegado la hora de que tomes las riendas de tu vida. 





No te conformes con menos. 



Comprueba qué se siente al ser manejada y dirigida en el cama por un tío 
con los brazos como troncos y los pectorales de hormigón. 



Tíos duros, varoniles, que destilen seguridad, confianza, fuerza y testosterona. 



Machos que sepan lo que quieren y que saben cómo conseguirlo. 


Vuelve a sentir el temblor de un 
beso inédito.  
Besar a tu marido ha dejado de ser algo sucio y lascivo. 
Recupera la emoción de sentir una lengua desconocida abriéndose paso por tu boca.


Es el deseo de un hombre extraño lo que te hace sentir sexy. 


Es la intriga de un cuerpo inédito lo que libera las mariposas en tu estómago. 



Y no te engañes con esa indulgencia que han tenido las mujeres con sus esposos hasta ahora. 
Una polla que imponga es mucho más erótica que una mediocre resignación estereotipada. 




Ya está bien de asumir que un tamaño medio o pequeño es suficiente para lograr 
satisfacer tus anhelos más profundos. 



Una polla grande va inevitablemente asociada a una personalidad audaz y una autoestima férrea. 
Y sabes muy bien que un hombre que se impone por superioridad genética al resto 
es increíblemente atractivo. 
Es el macho alfa, intrépido, gallito, valiente, sinvergüenza, malote, el líder de la manada, 
el que hace lo que quiere porque puede. 





Tu marido no te hace liberar ese caudal de estrógenos como uno de esos granujas presumidos, chulos perdonavidas, cabrones jactanciosos que te tratarán como a una furcia barata en la cama. 
¿Por qué reprimirte?




Un pollón negro e inmenso, embutido de venas y prepotencia, es un estímulo imbatible para alcanzar un orgasmo acuoso que te derrame el alma. 



Y no es sólo por el tamaño, es por la carga psicológica que conlleva estar admirando una característica tan incontestablemente varonil.


Encontrarte de repente frente a una polla así, te hace sentir más dominada, más sumisa, más femenina y entregada. Es una sensación de reverencia incomparable. Estás pasmada, contemplando una obra de arte a la masculinidad y eso transforma tu vagina insatisfecha en ávida gelatina temblorosa.


Imagínate empotrada por un tío así. 




Sí, mírala, tócala. Es real. 



Mira esas perras, qué suerte tienen. 


Tu clítoris también reclama un poco de atención, ¿verdad?
Está pidiendo a gritos ser maltratado por un mástil tan implacable. 


Observa bien cómo brillan esos músculos de chocolate. 
¿Te gustaría tocarlos? ¿Besarlos? ¿Lamerlos?


No puedes apartar la mirada de esa bestialidad. Lo sé, lo sé. 


Ellas ya han dado el paso de relegar a sus maridos y novios a un segundo plano, anteponiendo su felicidad por encima de cualquier otra consideración. 


¿Cuándo lo vas a hacer tú?
Tú también puedes disfrutar de un hombre así. 
¿A qué estás esperando?


Sí, también podría follarte el culo con todo eso, si así lo necesitas. 


Imagínate lamer esa manguera negra. 




No puedes aspirar a metértela entera en la boquita, eso sería como pretender alcanzar una utopía. 
Así que lames lo que puedes. 



Mamas todo lo que te permite tu reducida cavidad bucal. 



Te desvives en chupárselo todo lo mejor que sabes, para intentar destacar de todas las perras que han estado enganchadas previamente a esa salvajada. 



Porque sabes que muchas guarras han estado disfrutando de esa desproporcionada brutalidad antes que tú, y eso te convierte en una competidora y eso te pone como muy cachonda. 



¿Qué hacer para que se acuerde luego de ti? 
Estás dispuesta a quedarte sin saliva si hiciera falta, ¿verdad?


Quieres superar a todas esas lagartas que han estado antes que tú chupeteando y repasando 
ese pollón con sus sucias lenguas de putitas. 


Tú quieres ser la mejor. 



Su puta favorita. 



Ha llegado el momento de desatar a la zorra que llevas dentro, por Dios. 


Para la vida diaria está bien tener al lado a un hombre débil, sumiso y enamorado de ti. 
Que te haga caso en todo, que haga las tareas del hogar, que se ponga un delantal y friegue la casa. 
Pero en el dormitorio es mejor tener a un hijo de puta con bíceps colosales y venas en los antebrazos.
¿Me equivoco?


Un macho que te trate como a cualquier cosa menos como a una princesa. 



No sigas atada a los lazos restrictivos de una moralidad desfasada. 



Se vive sólo una vez. 



Disfruta de un pollón, joder. 


Deja ya de tolerar a un marido torpe y buenazo que no sabe darte la caña que tú reclamas. 


Búscate un tío que te atasque todos tus orificios.  


Sin miramientos.


Por Dios, qué cabrón. No la deja respirar, ¿eh?


Pero a ti te gusta que sea así de tirano.



Con tu marido no es lo mismo. 



No puede ser lo mismo, jamás.
El pobre hace lo que puede. 
Pero no tiene esa potencia. 
No impresiona igual. 




Toma una decisión. 


Es hora de saborear la vida en toda su magnitud y grandiosidad.


Llena tu coño con algo definitivo. 



Y tu culo, sí, no te preocupes. 


Lo que necesites. Porque veo que estás muy necesitada. 





Míralas cómo disfrutan. No seas tonta y ponte al día. 


Cuéntale a tu marido cuáles son tus nuevos planes a partir de ahora. 
Dile que las cosas van a cambiar. 


No por estar con un jodido hijo de la gran puta en la cama, que te deje el coño bien esmerilado, 
vas a dejar de amar a tu esposo. 
Son cosas muy distintas.
Completamente compatibles. 



Observa bien cómo se le pliega la verga al muy canalla. 



Es que es demasiado grande, por favor. 


Embutir una burrada de ese calibre en un chochito casado es un abuso.



Es una clase de despotismo de lo más intransigente. 



Es una penetración arrolladora. Fíjate bien e imagínate siendo embestida 
por un animal tan desbocado. 



¿Ves cómo se estría la piel de ese madero negro? 



No puede irrumpir en su totalidad. Es demasiado vasto para un coñito tan delicado y pequeño. 


Tú también te mereces sentirte así de plena, así de conquistada. 




Invadida por una hombría desbordante. 


Deja a un lado las razones que te mantienen fiel a la monotonía matrimonial. 


Es tu vida. 



Es tu coño. 


No te preocupes. 

La culpa se diluirá en la riada de orgasmos que te proporcionarán esos hombres de verdad. 



Deja que emanen todas tus frustraciones de tu interior.   



Y lo más importante, preciosa. 
Que sepas que tu marido lo toleraría. 


Sí, has oído bien. 
Harías a tu marido muy feliz si le pusieras unos enormes cuernos 
con un tío de ésos que tanto te gustan.
Cuánto más viriles, mejor.



E incluso con el tiempo y algo de domesticación, podrías llegar a follar 
con un macho delante de tu esposo. 
Para enseñarle cómo necesitas que te follen, joder. 
Y él observaría atentamente, mirando bien cómo te ensartan una buena polla, 
la polla que él no tiene ni nunca tendrá. 



Basta ya de ser una esposa buena y fiel. 
Ábrete de piernas y haz a tu marido un cornudo feliz. 



Eso es, córrete, córrete a gusto. 


Conseguirías que tu marido te ame más de lo que ya lo hace. 



Te admiraría, te desearía más si cabe.  
Los celos y la humillación le harían verte como a un reina inalcanzable. 



Tu marido te quiere tanto que incluso estaría encantado de lamerte ese coño follado 
y pringado con el semen de otro hombre. Imagínate hasta dónde llega su amor por ti.


Sí, lo haría. 


Aprovecha de tener a un marido tan compresivo. Y recuerda.
 Tu felicidad no es negociable.