viernes, 19 de agosto de 2016

NUNCA CONTRADIGAS A TU MUJER

Este gif set no es mío. Lo encontré en inglés y me gustó tanto que lo traduje para vosotros. ¿A quién le gustaría estar en la piel de ese pobre perdedor? ¡Levantad los cuernos, chicos! 









martes, 16 de agosto de 2016

SU JUEGO FAVORITO


Casi siempre soy yo la que escribo los post, pero hoy voy a dejar que mi cornudito se explaye confesando su pasión por elegirme los amantes y la ropita para conquistarlos. La verdad es que me fascina cuando hace de celestina. Adelante, cariño. Es tu turno. Cuéntales a todos lo que le gusta a mi cornudo buscarme machos. 


MI JUEGO FAVORITO

Una de las cosas que más me calientan es cuando mi mujer me pide que le elija los amantes y la ropa para serme infiel con ellos. Éstas son algunas de las historias que hemos vivido. Puedo decir que disfruté de esos cuernos tanto o más que mi mujer. 
Allá van. 


EL OBRERO

A Roberto lo encontré en una obra en mitad de la calle, manejando una imponente taladradora neumática. Lo vi sosteniéndola con sus fuertes brazos musculosos y dominando aquella máquina con asombrosa facilidad, mientras penetraba el asfalto duro con ahínco y determinación. Imaginé qué era lo que podría hacerle un hombre así a mi mujer. Así que lo invité a casa. Para recibirlo, le escogí a mi mujer un conjunto formado por un minivestido un poco kitsch, con líneas blancas y rosas "chicle", lo suficientemente corto para que no pudiera taparle su culito bajo ninguna circunstancia. La enfundé en unas llamativas pantimedias de brillo, bronceadas y total sheer, para dejarla con un look "chuchería" irresistible. Y finalmente culminé su aspecto con unos tacones blancos que me encantan. El contraste de la imagen hiperglucémica de mi esposa follada por ese varón sudoroso y rudo, hizo que me estuviera pajeando durante días. 





EN EL BAR

A Buck lo encontré en un bar de carretera. Era un tipo duro, bebía cerveza directamente de la botella. Vi el enorme paquete que sobresalía de sus ajustados vaqueros y no pude resistirme a pedirle que se llevara a mi mujer con él. Ella iba vestida con un elegante vestidito negro y unas pantimedias negras deliciosas, muy caras. La vi irse con él e imaginé cómo de gorda se le pondría al tío cuando viera esos muslos tan sexys y delgaditos de mi esposa enfundadas en esas medias. ¿Le acariciaría las piernas con sus manos duras y ásperas? ¿La obligaría a chupársela mientras conducía con una mano? Mi mujer nunca me contó nada de aquel encuentro, sólo admitió que fue algo insuperable. 







APAGANDO FUEGOS

Héctor era bombero. A mi mujer le ponen mucho los bomberos. Lo elegí también porque tenía la polla gorda y sin circuncidar y sé lo cachonda que le pone a mi mujer lamer una polla así. Para la cita, la vestí un vestido blanco inmaculado, corto, pero sin resultar ordinario. Le eché un tinte rubio, me gusta cuando tiene el pelo rubio y recogido. Le puse unas pantimedias de verano sin costuras, de poquísimos denier, super finas y delicadas, ah,  y sin braguitas. Todo eso después de depilarla por completo, claro. Parecía una elegante putita rica. Les reservé la suite en un hotel de lujo. A ese encuentro asistí como mirón y sólo os diré que mi mujer me obligó a probar también la manguera del bombero. Ese hombre apagó dos fuegos esa noche: la calentura putesca de mi mujer y el ardor de mi incurable cornudez.







EL MEJOR PARTIDO

Jamal era uno de esos chicos que juegan al baloncesto en la calle. Era el mejor del equipo. Machacaba el aro con una fuerza inusual, haciendo temblar la canasta. Jugaba sin camiseta, luciendo un escultural cuerpo bruñido. Le pedí a mi mujer que se acercara ella a ese tío para pedirle que la acompañara a casa, que le dijera que su marido no estaba y que necesitaba urgentemente ser cogida por un semental como él. Para ello pero dejó vestirla de negro, chaqueta de cuero, una falda no especialmente corta pero muy ligera y susceptible a cualquier ráfaga de viento inesperado. Pantimedias negras. Esta vez con braguitas. Me daba morbo ver a ese chico abrirse paso con sus grandes manos. Era la viva imagen de la mujer fatal "devorahombres". Casi se me escapó la lechecita en mi pantalón cuando la vi acercarse a ese tío con su balanceo mareante de caderas, pisando fuerte, como una mujer que consigue siempre lo que quiere. Yo me adelanté y me escondí en el armario del dormitorio principal (ya lo había pactado así con mi mujer). Ella entró con él y enseguida se llenó la habitación con el fuerte olor a macho sudado y excitado. Desde el principio, Jamal dejó claro que sólo le interesaba la boca y el ano de mi mujer. Machacó ambas orificios con una severidad impresionante, tal y como solía hacer con la pelota en la cancha. Mi mujer me confesó más tarde que jamás había tenido un sexo anal más placentero. 






LA PRUEBA DEFINITIVA

Siempre he sentido una fascinación por ver asomar unas pantimedias por debajo de unos vaqueros rasgados. Es una combinación atrevida, muy sexy. Le pedí a mi mujer que se vistiera así para recibir al fontanero que tenía que reparar una tubería en nuestra casa. A veces yo mismo me encargo de romperlas a propósito, para que tenga que venir. Me gusta meter a tíos en mi casa para que los caliente mi mujer. Pronto comenzó mi esposa a preguntarle al tío si le gustaban sus medias, si les parecían apropiadas para llevar con un pantalón vaquero roto. Ella le dijo, delante de mí, que el mejor baremo que puede tener una mujer para saber si está sexy o no, es por la reacción que le provoca en la polla de un hombre. "Las pollas no mienten", dice siempre mi mujer. Y el tío accedió encantado a mostrarle cómo estaba afectando su look en su polla. Ella falsamente desilusionada, le dijo que aunque era muy grande y gorda, no estaba totalmente erecta. Que no estaba tan guapa entonces. Y él le dijo que sí, que era preciosa, pero que para verla tiesa tenía que quitarse los vaqueros y tal vez metérsela en la boca. 
Y eso hizo mi mujer, aunque no precisamente en ese orden. 





BAILANDO

Una discoteca, un disjockey, mi mujer con un minivestido y unas pantimedias negras de lunares (me encantan). Mi esposa moviéndose por la pista de baile, al ritmo de Riton - Rinse & Repeat. Sus caderas girando, su faldita vaporosa descubriendo sus nalgas enmediadas. Esos lunares negros moteando su delicada piel. Sin rastro de sus braguitas. Todos los tíos mirándola, follándosela literalmente con la mirada. Paquetes hinchándose en las entrepiernas, tíos tocándose la polla dura descaradamente, pensando dónde y cómo se la meterían a mi mujer. Y ella agitando su melena, dejando la boca entreabierta, pidiendo guerra, empujándome lejos de su lado con estilo, para que todos supieran que aunque había venido conmigo al club, estaba disponible para los demás. Al final ella se fijó en el DJ. Un moreno muy fornido y sexy. 
La noche acabó con música house sonando en nuestro dormitorio. El minivestido se lo quitó, pero las pantimedias se las dejó puestas. El DJ por su parte mantuvo los cascos alrededor del cuello durante toda la velada. A mí me obligaron a bailar con mi pichita enjaulada al ritmo enloquecido que imponía a aquel negrazo al chochito infiel de mi esposa. Por cierto, es muy sexy ver a mi mujer follar a ritmo del tema Rinse & Repeat, se pone a mover los brazos y la cabeza de un lado a otro como si estuviera bailando en mitad de una pista, salvo que tiene una polla metida en su delicado coño. Me encanta el estilazo de la muy zorra. 





A PUERTA FRÍA

El encuentro con Marcelo fue algo inesperado. Mi mujer estaba tendida en la cama viendo porno de temática cuckold, vestida solamente con unas pantimedias negras mientras yo estaba poniendo una lavadora cuando llamaron a la puerta. Era un chico muy guapo que vendía seguros a puerta fría. El televisor estaba muy alto y en ese momento una de las actrices decía claramente: "Ven aquí y límpiame el coño con tu lengua, maridito". El chico sonrió un poco y yo me encendí. Le dije que me disculpara pero que mi mujer estaba viendo porno mientras yo hacía las tareas de casa. Lo invité a entrar y a hablar con mi mujer. Así, sin rodeos, a ver qué pasaba. El chico estaba al principio algo desconcertado con mi reacción, pero entró y se dirigió sin vacilar a la cama con mi mujer. Yo desde la cocina los oía reír. Al cabo de unos minutos me llamó mi mujer. Dejé la ropa limpia que estaba colocando y acudí enseguida a su llamada. Estaba tan sexy con sus piernas cruzadas, enfundadas en esas medias negras, y con ese chico tan atractivo a su lado a punto de estallarle la polla dentro de sys atractivos slips. "Este tío quiere venderme un seguro", me dijo mi mujer. "Le he dicho que lo único que necesito asegurar es mi culito, ya que sufre de continuas oleadas de asaltos a lo largo del día. También le he explicado que siempre ando con problemas de fisuritas, escozor, que siempre tienes que estar aplicándome gel calmante y reparador en el ano, porque son tantos los hombres que se lo follan y siempre con unos penes... ufff, tan grandes. Dice que necesita comprobar por él mismo cuáles son los riesgos reales a los que se ve sometido mi ano para ofrecerme las coberturas apropiadas. Para ello tiene que introducir eso tan gordo que ves ahí dentro del culito de tu esposa, repetidamente . ¿Das tu consentimiento, cariño? ¿Qué le decimos a este chico tan guapo, eh?". "Sí", le respondí. "Pero que te rompa las medias. No te las quite, por favor. Ya sabes lo que me gusta verte con ellas puestas". "Está bien. ¿Y luego me echarás cremita para calmarme el dolorcito. Ya sabes cómo de irritado se me pone todo. Y además mira el tamaño de eso, por Dios". "Sí, cariño. Te preparé también una bolsita con hielo para bajarte la inflamación que seguramente te causará este chico cuando acabe contigo". 
La muy perra sabe cómo volverme loco. 





EL CHULITO

Ahora que es verano le pido a mi mujer que se ponga algo blanco y unas pantimedias transparentes de brillo. Ella a veces es reacia porque dice que hace calor, pero le he comprado unas muy refrescantes que deja transpirar la piel y son muy confortables para las noches de verano. En cualquier caso, no es habitual ver a las mujeres con medias en verano, así que mi mujer enseguida atrae las miradas tanto de hombres como mujeres cuando entra en algún local. Tiene unas piernas super sexy y con pantimedias se convierte en un auténtico bombón. Esa noche me fijé para ella en un tío que llegó en un Ferrari negro espectacular. Era uno de esos tíos que se cuidan, con un físico perfecto, musculoso en su justa medida, los preferidos de mi esposa. En un momento vi que se retiraba al baño y lo seguí. Entré y lo sorprendí meando en una esquina. Me puse al lado y le miré la polla disimuladamente. Era impresionante. Enseguida imaginé a mi mujer de rodillas chupándola. No es fácil encontrar un pollón así y tenía que hacer todo lo posible para que mi mujer pudiera disfrutarlo. Hablé con él.  Era un arrogante, prepotente y un chulo de mierda. Me dijo que si quería que se follara a mi mujer, le tenía que pagar, que su polla no era gratis. Por supuesto que le pagué a ese cabrón, una pasta indigna, pero mereció la pena.
Mi mujer tuvo los orgasmos más intensos que recuerdo. Jamás la había oído descargarse a gritos como con ese hombre. Estaba fuera de sí, no dejaba de alabar su polla en ningún momento. Lo lamió entero, se entregó de lleno a sus huevos, a rebañarle su ano, le lamió todo el cuerpo como una perra, incluso los pies (imagen que me produjo una nueva clase de excitación) y cuando él le dijo que yo le había pagado para que ella pudiera disfrutar de él, se meó de gusto la muy guarra, toda entera, por las patas abajo, mojando esas preciosas pantimedias que le había comprado.    





EL JARDINERO

Julian era el jardinero del Parque Central de nuestra ciudad. Mi mujer y yo íbamos paseando una mañana de otoño. Ella iba de negro elegante y muy mona. Pantimedias negras, sofisticación total, una muñequita, vamos. Pasamos delante de aquel hombre y lo sorprendimos meando sobre unos arbustos. La verdad es que tampoco estaba haciendo mucho por ocultarse de la vista de los transeúntes. Enseguida nos deslumbró aquel trozo de carne grueso y venoso que se le salía por una pernera. Le brotaba un chorro potente, un caudal de hombre indómito y salvaje. Noté cómo mi mujer se estremecía, cómo dobló las piernas para retener seguramente alguna gotita que se le estaba desprendiendo de sus labios vaginales, lista para la lubricación. Le dije que por qué no se acercaba a él. Y sin mediar palabra me dedicó una sonrisa traviesa y se dirigió hacia el jardinero con pasos cortos e impacientes. Ella se arrodilló frente a él y el tío, que seguía meando un interminable caño de orina, guió su enorme tranca hacia la cara de mi mujer, mojándola entera. No había sido mi idea. Yo pensaba que se la iba a chupar, pero que se dejara mear encima era algo nuevo. La muy puta abría la boca para que la invadiera aquel surtidor masculino. El tío al acabar se la sacudió tranquilamente sobre mi mujer. Al final vi cómo ella le lamía la punta e incluso se la chupó un poco para dejarlo seco y limpio. Se levantó y volvió hacia mí. Apestaba a meados de tío la muy cerda. Me preguntó si me pareció excitante la cochinada que acababa de hacer porque a ella la había puesto como una moto. 





RETOMANDO EL CONTACTO

Frank era un amigo de mi infancia. Volvimos a retomar el contacto gracias a las redes sociales. Un día me dijo que andaría cerca de mi lugar de residencia y lo invité a casa. Por las fotos que había publicado en Facebook vi que los años le habían tratado bien y le dije a mi mujer que a lo mejor podía ponerme los cuernos con un antiguo amigo mío. Ella me respondió que eso dependería de si al final le resultaba atractivo o no. Por supuesto se mostró intrigada y me preguntó cómo quería que se vistiera para recibirlo. Escogimos una vestido entre kitsch y formalito, pero corto, unas pantimedias color piel con algunos deniers de más, para crearle el efecto muñeca que tanto me ponía. Frank llegó y la convenció a primera vista. Era un corneador en potencia, sí. Mi mujer lo empezó a calentar desde el primer momento. Al darle los besos de bienvenida vi cómo sacaba un poco la lengua para lamerle el lóbulo de una de sus orejas. Durante la cena estuvo tocándolo por debajo de la mesa, como si todo eso ocurriese a mis espaldas. Mi amigo intentaba disimular lo cachondo que lo estaba poniendo mi mujer. En un momento dado, se levantó y fue al cuarto de baño. Mi mujer lo siguió. Entonces oí cómo un ruido en seco, un fuerte golpe. Me levanté y fui a ver qué ocurría. Mi mujer se había caído por la impresión. Miré hacia dentro y vi a Frank con todo eso fuera. Era algo hercúleo. Me tuve que sujetar en el quicio de la puerta para no caer también desplomado. "Mira cómo me ha puesto la puta de tu mujer. No ha parado de calentarme desde que he llegado. Ahora vas a traerla aquí y la vas a ayudar a mamarme este pedazo de cipote. ¿Crees que no sabía lo cornudo que eres, tío? Pensaba que eran habladurías, pero ahora lo veo con mis propios ojos. Te voy a poner unos cuernos que vas a alucinar". 
Y sí, fue algo alucinante. 




EL AGENTE INMOBILIARIO

Cuando nos compramos la casa antes de casarnos, mi por aquel entonces novia y yo fuimos con un agente inmobiliario a ver varias propiedades. Era un hombre negro, muy guapo, super elegante vestido y definitivamente sexy. Nos gustó mucho una casa y le propuse a mi novia ir a verla una vez más a solas con aquel agente. A ella le pareció una buena idea. Le pedí que fuese vestida solamente con unas pantimedias negras, sin braguitas, y que se cubriera con una gabardina. Que se desnudara una vez estuvieran a solas dentro de la casa y que le preguntara entonces si podíamos optar por algún descuento adicional en el precio. La cita fue larguísima. Estuve esperando a mi novia durante horas, imaginando los detalles de la negociación. Cuando volvió me dijo que había estrenado cada habitación con ese tío, que se la había tirado en la cocina, en cada uno de los dormitorios, en los cuartos de baño... Que fue muy excitante. "Así, cuando vivamos allí, sabrás que incluso antes de comprarla te puse los cuernos en cada rincón de aquella casa con un hombre impresionante". Cuando le pregunté qué había de la rebaja en el precio, ella sonrió y me respondió que aquel tío le había dicho que lo sentía, que ya estaba muy ajustado. 




EL ENTRENADOR PERSONAL

Cuando mi mujer me dijo que se iba a apuntar al gym para hacer algo de ejercicio, le dije que ni hablar, que  yo le buscaría a un entrenador personal para que la ejercitara en casa cuando yo estuviera en el trabajo. Busqué en varios gimnasios hasta que di con Josh. Sus servicios me parecieron algo caros, pero quería lo mejor para mi mujer. Tras la primera sesión, le pregunté a mi mujer qué tal era. Me dijo que era muy exigente y disciplinado. Que al principio no la dejaba llevar las pantimedias que yo quería que llevara puestas, porque decía que perdía flexibilidad. "¿Y qué paso?", quise saber. "No te preocupes, cariño, me las dejé puestas porque le demostré que podía abrirme de piernas perfectamente con las medias puestas". 





LLAMANDO A LA GRÚA


Mi mujer y yo tuvimos un pinchazo en mitad de una carretera secundaria, de vuelta de una cena romántica. Como soy un debilucho y muy poco hombre, no supe cambiar solito la rueda y me vi obligado a llamar a la grúa. No tardó en llegar y mi mujer, al ver al maromo que se bajaba del camión se puso muy cachonda. No perdió oportunidad y le dijo al chico que yo era incapaz de cambiar la rueda del coche, porque eso era cosa de hombres y yo no lo era. El tío, sin parar de reír, cambio la rueda, mientras mi mujer no paraba de decirle lo grandes y fuertes que tenía los brazos. No dejaba de manosear sus bíceps. Al final se levantó la falda y le enseñó su precioso culito enmediado en unas finas pantimedias. Le pidió por favor que se la follara allí mismo delante de mí, apoyada contra el capó. El tío comenzó a tocar las piernas enfundadas en aquellas preciosas medias con sus manos llenas de grasa. Se abrió paso y la penetró analmente hasta que se corrió dentro. Mi mujer estaba fascinada con la enculada y yo no podía dejar de enaltecer lo erótico que resultaba ver desaparecer aquel pollón entre las nalgas brillantes y sedosas de mi mujer. 




¿QUÉ TAL ME QUEDA?

Una de las veces en las que acompaño a mi mujer a comprar ropa, estaba esperando fuera a que saliera del probador. Estaba indecisa entre dos minifaldas y quería saber mi opinión. El problema era que con las pantimedias naturales que llevaba ese día, la mini blanca le quedaba sensacional, pero claro, ya no podría combinarla fácilmente con otras tonalidades de medias. Luego estaba una minifalda floral, muy primaveral que tal vez le quedaba demasiado corta: se le veían las nalgas un poco al caminar. Yo le dije que era incapaz de dar una opinión,  ya que de todas formas aquellas prendas no tenían que gustarme a mí, sino a los machos que pretendía seducir con ellas. Entonces fui en busca de un hombre joven, apuesto y atlético, que estaba probándose algunas camisas. Era un tipo de los que les gusta a mi mujer, un niñato chulito, vamos, y le pedí amablemente que entrara en el probador con mi mujer para dar su opinión acerca de qué faldita le quedaba mejor. El chico entró encantado. El veredicto tuvo que ser difícil, porque aquel tío estuvo más de una hora dentro del probador con mi mujer. Al final salió y mi mujer me dijo que aquel hombre opinaba que estaba estupenda con las dos. Así que aguardé la cola para pagarlas durante un buen rato, mientras mi mujer seguía hablando con ese chico, muy risueños los dos, muy cómplices de mi cornamenta. 



BRASIL

Hace unos días que han empezado los juegos olímpicos en Río y mi mujer andaba como loca hablándome de los brasileños y de qué jamás había follado con uno. "Anda, cariño. Me apetece mucho un macho mulato de ésos, pero tiene que ser brasileño de verdad, uno que sepa mover las caderas así, en plan samba, ya sabes. Un profesor de baile, por ejemplo. Sí, un profesor de baile, por favor. ¿Me buscarás uno? ¿Dime? ¿Lo harás por mí?". Como los deseos de mi mujer son órdenes para mí, fui corriendo a buscar escuelas de samba por toda la ciudad. Tenía que encontrar a un brasileño para mi mujer y rápido. Encontré a un profesor de samba llamado Breno, que era ideal para satisfacer el caprichito de mi esposa. Cuando la llamé por teléfono diciéndole que lo había encontrado, ella me dijo entusiasmada lo mucho que me quería por cuidarla y mimarla tanto. Me pidió que le dijera al chico que viniera a casa a darle algunas lecciones de baile privadas, que yo le pagaría bien por ello, pero que como condición indispensable tenía que llevar unos slips con la bandera de brasil. Ella para recompensarme se podría unas pantimedias de brillo y el corsés, que lo haría por mí, para agradecer lo atento que había sido con ella. 
Yo mismo le compré los slips a ese tío. Fue humillante, pero mereció la pena. 
Cualquier cosa por verla feliz.  
Aquel día mi mujer aprendió a bailar samba muy bien y sí, el chico sabía mover las caderas endiabladamente bien.  





INTERCAMBIO DE ROLES

Mi mujer me confesó hace poco que una de las cosas que más le calienta es cuando yo mismo le busco un tío y le reservo un hotel para follar con él. Así que decidí para su cumpleaños pagarle un boy que tuviera permitido llegar más lejos si se le proponía. Ella me dijo que en esta ocasión iba a ser diferente. "Quiero vestirte de chica, ponerte una peluca, maquillarte, enfundarte una de mis pantimedias y ponerte dos buenos taconazos. Quiero que me suplantes, que vayas tú a la cita. Yo me esconderé en el armario y veré todo lo que ese hombre te hace. Menudo morbazo, ¿no crees?". Pues allí estaba yo, vestido de mujer, intentando disimular el pequeño bulto de mi entrepierna bajo las medias, con un formidable ejemplar de hombre moviéndose delante de mí con gestos insinuantes. El tipo me puso aquel paquetón en la cara y yo le di una lamida. Supe que mi mujer se estaba mojando entera allí escondida en el armario. Al final hice de todo con aquel tío, incluso ponerme a cuatro patas. No se vino abajo cuando vio mi diminuto pene, solamente me dijo que no me preocupara, que había visto clítoris más grandes que eso. Algunos días después mi mujer me aseguró que aquella experiencia había sido única, que lo había hecho muy bien, que parecía una auténtica zorra en brazos de un chulazo, que ver cómo intentaba sin éxito meterme toda la polla de aquel tío en la boca y cómo mi pichita comenzó a eyacular nerviosa dentro de las pantimedias cuando me la metió por el culo, fue sin duda el mejor regalo de cumpleaños de su vida.  




A TRAVÉS DE LAS PAREDES

Un hotel de lujo. Habitaciones a cada lado de un pasillo con alfombra de lana virgen. Todo muy exquisito. Me hospedo con mi mujer en una habitación. Justo al lado entra un hombre solo. Parece que está de viaje de negocios. Es un tipo muy guapo y atractivo. Mi mujer me comenta algo de que el tío tiene cara de ser muy bueno en la cama. "Tiene la mandíbula ancha y el mentón muy robusto, además sus manos son preciosas, grandes y fuertes. Debe ser una máquina follando", me comenta de pasada mientras se cruza de piernas y presiona levemente los muslos, mordiéndose el labio inferior. Esa noche oímos que el misterioso vecino vuelve con una chica. Se oyen hablar. "Ya ha ligado", me susurra mi mujer. Los gritos de placer de aquella chica no tardaron en traspasar las paredes. Fueron unos gemidos hondos, suspiros de auténtica devoción, durante horas. Además, se escuchaba a ella perfectamente elogiar el tamaño de la polla de aquel tío. "Oh joder, ¿por qué es tan grande? Así es imposible parar de correrme. Mi coño es tuyo, cabrón, y lo sabes. Soy tu putita, siempre lo seré. Oh Dios, sí, rómpeme el culito con ese manubrio de nervios, destrózame. Mierda puta, me llegas a la boca del estómago", cosas así. Mi mujer me miraba atónita y me dijo: 
"Cómo envidio a esa perra afortunada ahora mismo". 
A la noche siguiente  escuchamos de nuevo entrar al tío en la habitación. Pero solo esta vez, sin compañía. Entonces tuve una idea. Le pregunté a mi mujer por qué no llamaba a su puerta y se presentaba. Ella me miró con un brillo de entusiasmo en los ojos. "¿En serio? ¿Me dejas?" Yo le dije que yo quería para ella el mismo placer que había experimentado aquella chica, que era injusto que mi ella tuviera que prescindir de un macho así. Que se lo merecía. Le sugerí que se vistiera de una forma arrebatadora, innegablemente sexy. Le propuse ponerse las pantimedias que le compré, ésas que carecían de rombito de algodón, las que sólo tenían esa fina costura que le dibujaba una línea sugerente hasta el chochito, ésas que se ajustaban como una segunda piel. Por supuesto lo ideal sería que no llevara braguitas. "¿Y qué faldita quieres que me ponga?", quiso saber mi mujer. "Ninguna", le contesté. "Sin falda, sólo las pantimedias con un cinturón quizás, y taconazos. Como si llevaras unos leggins, pero claro, con ese matiz tan escandalosamente diferente". Un fuego lujurioso incendió su mirada. Me dijo que le parecía una idea perfecta, pero que tenía que ayudarla a depilarse un poco, que no estaba todo lo suave que requería presentarse a un hombre así. Yo asentí encantado. Al final estaba arrebatadora. Un pelo ondulado espectacular, un maquillaje gatuno de noche, misterioso, sexy. Un top rosa que le marcaba un poco los pezones, esa atrevida solución para la parte de abajo y unos tacones blancos con la puntera abierta, dejando que los deditos de sus pies jugaran con esa línea de costura al descubierto. Entonces se marchó, no sin antes darme un beso. Le dije que esta muy guapa y que la quería con locura y cerré la puerta. Me quedé a oír cómo llamaba a su puerta, cómo se abría, incluso cómo le decía ella que había oído lo bien que se había follado a esa putita anoche y que se había sentido muy celosa de sus gritos. "Por favor, ¿puedes darme un poco de lo que le diste ayer a esa zorra?". Lo que tuve que oír a través de las paredes hasta altas horas de la madrugada, me mantuvo masturbándome sin parar. 




EL ALBAÑIL

Me encanta cuando tiene que venir algún tío a casa para reparar algo. Es un momento ideal para que me crezcan los cuernos. Uno de los mejores fue con un albañil que vino a arreglarnos algunos azulejos que se habían partido del suelo. Le dije a mi mujer que se vistiera lo más sexy que pudiera. Yo mismo corrí a la tienda para comprarles unas pantimedias negras, con "Control Top". Estaba impactante. Justo cuando llegó el albañil, llegó mi madre. Fue una visita muy inoportuna, la verdad. Sin embargo, a pesar de la presencia de mi madre en casa, mi mujer no se cambió de ropa y siguió así vestida delante de todos. Además, se puso a piropear al albañil delante de mi madre. Fue muy humillante para mí. Le decía cosas como: "Mmm, está usted muy en forma. No tiene nada de barriga. No como mi marido, que está ya un poquito fondón. Debe usted ser incansable en la cama, ¿verdad?". Mi madre estaba escandalizada y me preguntaba por qué no le llamaba la atención a mi mujer. Ella le dijo: "Porque su hijo es un calzonazos, señora, y muy poco hombre. Por eso me enciendo tanto cuando entra un macho como éste en casa". Acto seguido se levantó y comenzó a morrear al albañil. ¡Delante de mi madre! Joder, le comió la boca a base de bien, le metió la lengua hasta la garganta, le lamió el cuello, las mejillas rasposas sin afeitar. El albañil tenía ya la polla tan tensa que amenazaba con romper la tela del pantalón. Mi madre se llevó las manos a la cabeza mientras mi mujer le decía al albañil: "Fóllame, por favor. ¿No ves la clase de cornudo que tengo como marido? Necesito que un macho como tú me calme el fuego que me abrasa por dentro.  Y se fueron al dormitorio de matrimonio. Mi madre, en vez de irse, se quedó en el salón sentada. Los gritos de auténtico deleite se oyeron por toda la casa. Yo no pude soportar la situación y me fui corriendo al baño, donde me las casqué a gusto. 




MI MUJER, SU SECRETARIA

Mi Jefe necesitaba una secretaria urgentemente y yo le pregunté por qué no entrevistaba a mi mujer. Le dije que tenía muchas cualidades, que solía ser muy eficiente y atenta. Que no iba a tener ninguna queja sobre su actitud, porque le gustaba ser muy obediente y sumisa con hombres como él. Que solía vestir de forma muy sexy, que solía usar siempre pantimedias y que nunca le gustaba ponerse braguitas debajo, que era muy guapa, que si él quería podía incluso azotarla si alguna vez no se portaba bien, que eso ella lo comprendería perfectamente. También le expliqué que era muy buena con el sexo oral, que si él quería podría tenerla bajo su mesa todo el día si fuera necesario, haciéndole una buena mamada mientras mantuviera sus reuniones. "Puede usted follársela cuanto quiera, señor. Ella siempre está cachonda. Mi mujer podría ser su puta privada si así usted lo quisiera". Mi jefe me miró y me dijo, sin sonreír siquiera un poquito, que tal vez le hiciera una entrevista a mi mujer. Al día siguiente me llamó. La quería ver en su despacho para comprobar si era verdad que tenía tan buenas cualidades y aptitudes (con "p" de puta"). 






EL CAMIONERO

En primavera suele haber todos los años una concentración de camioneros cerca de nuestra casa. Algunas veces hemos ido mi mujer y yo a dar una vuelta por allí, porque sé lo mucho que le gustan a ellas los camioneros. En la última edición le pedí que se vistiera especialmente chiclosa, en plan Barbie princesa, como un muñequita de juguete. Vestido fucsia kawaii, pantimedias bronceadas de brillo, tacones kitsch, algo muy provocativo. Quería crear ese contraste entre lo más ponderadamente femenino con lo extremadamente masculino y varonil. Me vuelve loco esa antítesis. Le dije que ese año fuera sola a la concentración y que ligara con algún camionero que le gustara. "Te lo puedes traer a casa si quieres y tirártelo sobre nuestra cama de matrimonio. Pero por favor, déjame miraros". Ella le dijo que le volvía loca la idea y se marchó vestida como una princesita de cuento de hadas. Yo mientras tanto, decoré nuestro dormitorio con las cosas más "girlie" imaginables. Sustituí la colcha habitual de nuestra cama por una fucsia, puse cojines de rosa cuarzo y lo llené todo de peluches tipo Hello Kitty, ositos y conejitos de tacto suave y esponjoso. Luego coloqué un dosel insoportablemente dulce sobre la cama. Mi pichita estaba totalmente tiesa al imaginar a mi mujer tendida allí con las piernas abiertas y un camionero empujando encima. Todo lo que mi imaginación elucubró fue poco comparado con el impresionante espectáculo visual que disfruté cuando aquel camionero llamado Dick se folló a mi princesa entre todos aquellos tonos pastel y peluches. El antagonismo me hizo correrme varias veces sobre el suelo, sin tocarme.  







EL FORZUDO

Mi mujer llevaba meses obsesionada con hacerme ver la poca fuerza que tenía. Me daba tarros y me decía: "anda, a ver si eres capaz de abrirlo". Luego, cuando no podía, se ría de mí y me decía que no tenía fuerza porque no era un hombre de verdad. "Mira que bracitos más enclenques tienes. Estás volviéndote un debilucho con tanta cornudez". A mí me ponía muy cachondo que me hiciera ver la poca fuerza que tenía. Me explicaba que no podía cambiar una rueda de coche, que no podía ni siquiera apretar bien una tuerca. "Y luego te gusta que me pongas pantimedias. A ver, serías capaz de rasgármelas acaso. Prueba a ver, rómpemelas y fóllame". Ella llevaba puestas unas pantimedias transparentes de lycra superbrillantes y se abrió de piernas frente a mí, desafiándome a ser un hombre. Lo intenté, pero no pude romperlas. Mis manos no tenían la fuerza necesaria. Ella estalló en carcajadas y me apartó. Luego me dijo que había una competición a las afueras de la ciudad, donde unos forzudos hacían pruebas para ver quién era el más fuerte y que quería ir conmigo para mostrarme lo que eran hombres de verdad. Ella fue vestida como para una boda, y con esas medias tan sexy, tan inapropiadas para asistir a un evento tan varonil. Allí vimos a tíos como mulos cortando troncos a hachazos, levantando ruedas de tractores y transportando rocas inmensas como si fuesen pelotas de playa. Al final, cuando terminó la competición y salió un ganador, ella me susurró al oído. "Imagínate con lo fuerte que es ese tío, lo que podría hacerme. Ve y dile que quieres ver cómo me rompe las pantimedias, que tú eres incapaz". Fui y se lo dije. El tipo sonrió y quiso saber quién era mi mujer. Ella le pidió que se viniera a casa con nosotros para demostrarme lo fuerte que era. Él dijo que antes tenía que ducharse, que estaba empapado en sudor después de las pruebas y ella le tocó el pecho e inspiró hondamente. Luego le dijo: "ni se te ocurra ducharte". 





EL JOVENCITO

A mi mujer siempre le han gustado mucho los jovencitos así que la animé a darle clases de apoyo al hijo de unos vecinos (19 añitos nada más) que desde siempre se había mostrado muy rebelde y mal estudiante. Mi mujer sabe habla inglés muy bien, así que hablé con los vecinos y les dije que si querían, mi mujer podría darle algunas lecciones a su hijo. Ellos se mostraron encantados con la idea, por lo que Hugo, el chico malo del barrio, comenzó a venir a casa por las tardes. Una de esas tardes le pedí a mi mujer que se vistiera en plan sexy, con un minivestido rojo, pantimedias de lycra transparentes y esos tacones de color beige tan sugerentes. Yo me fui esa tarde de casa para que el chico no se sintiera intimidado, pero a cambio le pedí a mi esposa que me llamara al móvil y pusiera el manos libres cuando la cosa se pusiera interesante. Cuando me llamó pude oír, mientras me masturbaba en el coche, cómo mi querida esposa le iba enseñando palabras en inglés a aquel muchacho, que repetía con una pronunciación muy mejorada. "I´m a bitch", decía mi mujer. "Significa, soy una zorra". "Ah, qué interesante", decía el chico. "I love your cock. It´s so much bigger than my husband´s little penis", decía mi esposa en un perfecto inglés. "Eso quiere decir que me encanta tu polla. Que es notablemente más grande que el pequeño pene de mi marido". "¿Ah, sí? ¿Y cómo se dice "chúpame la polla, puta" en inglés?" quiso saber el chico claramente excitado. "Suck my dick, whore", susurró mi mujer. "Oh joder, qué bien hablas inglés", replicó el chico gemebundo. "¿Y cómo se dice: Te voy a apretar los meados, guarra". 






EL BOY

Noche de chicas. Yo me quedo en casa. Despedida de soltera de una prima de mi mujer. Yo sabía que habían contratado a un boy para amenizar la velada. Localicé al tío y le pagué un plus si se follaba a mi mujer delante de todas sus amigas. El tío era un negrazo super imponente y me sonrió. "¿Y cómo sé cuál es tu mujer?" Le dije cómo se llamaba, se la describí y le expliqué que llevaría un minivestido de pierdecitas brillantes y pantimedias transparentes. "Fóllatela sin miramientos por favor y pregúntale por mí delante de sus amigas. Si se la follo igual de bien que tú, si la tengo igual de grande que tú, cosas así". Esa noche al darle un beso de despedida a mi mujer en la puerta y decirle: "que te lo pases bien", ya sentí una erección prometedora en mi pantalón. Iba a estar toda la noche pajeándome pensando en cómo sería la escena. Todas las amigas delante, toda las primas y ella abierta de piernas diciéndola a gritos a ese tío que yo no podría follársela jamás así de bien. 




EL BAÑO
A veces suelo prepararle un baño caliente a mi mujer por la mañana, para que se relaje después de una noche de juerga por ahí. En una ocasión llamé a un tío, masajista, muy guapo, para que la esperara metido en la bañera. Quería que fuese un baño especial, super sexy, un último polvo antes de meterse en la cama. Ella llegó exhausta y muy disgustada. No había encontrado a ningún tío convincente con el que serme infiel. A veces le pasa por se tan selectiva. No siempre encuentra al macho adecuado con el que cornearme a gusto. "Yo sonreí y la besé. No te preocupes, vida mía. Te he preparado un baño. Métete y disfruta, yo mientras tanto "os", digo "te" prepararé un desayuno". Ella me miró con el ceño fruncido. "¿Qué has tramado ahora, maridito", quiso saber y se fue hacia el cuarto de baño donde yacía el masajista, esperándola metido en la bañera, perfumado con sales afrodisíacas. La vi por detrás, moviendo su culito perfecto debajo del minivestido negro, esas piernas delgadas y sexys, enfundadas en unas pantimedias negras, quebrándose a cada paso, como si estuviera algo mareada. Y ese repiquetear de sus tacones sobre el linóleo... Ella entró y ahogó un gemido de satisfacción. Asomó la cabeza y me miró con esos ojos entrecerrados, con los restos supervivientes de su maquillaje, tan dolorosamente bella y, dedicándome una hiriente sonrisa, me dijo: "Te quiero". 









martes, 9 de agosto de 2016

SI SUPIERAS LO CORNUDO QUE ERES




TU ESPOSA




LA MADRE DE TUS HIJOS






LA MUJER QUE AMAS







LA QUE PIENSAS QUE JAMÁS TE SERÍA INFIEL






LA QUE NUNCA TE HA DICHO QUE TIENES EL PENE PEQUEÑO 
(SÍ, LO TIENES MUY PEQUEÑO PARA ELLA)





LA QUE TE DICE QUE SIGUE ENAMORADA DE TI





SI LA OYERAS GRITAR DE PLACER EN MIS BRAZOS






SI LA VIERAS CORRERSE SOBRE MI COLOSAL POLLA NEGRA






SI LA OYERAS DECIR LO POCO HOMBRE QUE ERES COMPARADO CONMIGO






SI LA VIERAS LAMER MI SEMEN, CON QUÉ ANSIEDAD...





SI SUPIERAS LO CORNUDO QUE ERES

MI MARIDO NO LO SABE


En serio, mi marido sabe que estoy aquí contigo. ¿Eso te excita? De hecho él mismo me ha comprado este conjunto de lencería para ti. Que sí. Estaba muy nervioso y cachondo con la idea de que me follaras. Incluso sé que su fantasía es estar delante para mirarte mientras lo haces, pero en el último momento le ha dado vergüenza venir al pobre. 







Ay, no. ¿Qué haces? Por el culo, no. Nunca he dejado a mi marido meterme nada por el culo. 
No me gusta.








Joder qué pedazo de polla tienes. Es enorme. Justo lo que mi marido quería para mí: un hombre de verdad y bien dotado.  Dime, ¿te gustan las medias que me ha comprado mi marido para ti? Me dijo que eran muy nupciales, como mi segunda luna de miel. 
¿Te pone follarte a la mujer de otro y además con su consentimiento?




Joder, ¿qué me estás haciendo? ¡Me la has metido por el culo sin más! ¡Sin pedir permiso! Oh, yo nunca, espera... Oh sí, venga, me está gustando. Con tu polla todo es tan diferente.







Sí, párteme el ano con ese cipote gordo que tienes. Dime que soy tu puta y que mi marido es un cornudo que no sabe follarme como yo necesito. ¡Dímelo mientras me jodes el culo, por Dios!




VACACIONES DE CORNUDOS



¿Aún no sabéis dónde ir este verano de vacaciones? Yo ya lo tengo claro.
Sólo necesito convencer a mi marido, jejeje.