viernes, 8 de diciembre de 2017

Mi jefe





Sé que no te gusta mi jefe, cariño. 


Pero, a mí me encanta...


Así que te tienes que aguantar cuando te llame para decirte que tengo que hacer algunas horas extras.


Soy la que lleva el dinero a casa, nene.
Así que me debo a mi trabajo.



Además mi jefe es tan dominante, tan autoritario, 
que es imposible rebatirle nada. 


Tiene unos músculos tan grandes...


Esos bíceps intratables que me debilitan las rodillas. 


Tiene un cuerpo escultural.
Se que te sientes muy intimidado frente a él, cariño. 
Sabes que eres muy poca cosa a su lado. Es natural. 
Yo en cambio me derrito de pensar en tocarle todos esos relieves de acero. 


Y su polla es perfecta...
¿Te he hablado de ella alguna vez?


No me canso de mirar a ese hombre. 


Es tan varonil. Huele siempre tan bien...


Me encanta cuando me mete cosas en la boca, ¿sabes?


Me exige unos trabajos muy difíciles y arriesgados, cariño. 
Pero ya sabes que tienes una esposa muy aplicada e intento siempre dar lo mejor de mí misma.



Tienes que superarlo, cariño. 
Él vale más que tú, y por eso me tiene embelesada. 


Es tan implacable que me vuelve loca. 
A veces incluso no puedo ni caminar cuando salgo de la oficina. 
Ese dolorcito tan sexy cuando estás bien follada.
Cosa que contigo nunca he sabido lo que se es, claro. 


En casa mando sobre ti, maridito, 
pero en el trabajo me encanta ser la sumisa de ese tío prepotente y engreído, mmm.


Se saca la polla y ya no me controlo. 


Me excita mucho ponerme de rodillas delante de un hombre así.


Ay, y lamerle los huevos. 
Joder. 


Que me folle de cualquier forma, sin preguntar. 
Que me la meta cuando él quiera, porque él es el que manda.


Ese pecho tan varonil, cubierto de pelo. 
Por favor. 


Lamer todo eso. Interminable. Desde la base hasta la cúspide de su masculinidad. 
Tú no podrías darle jamás a una mujer esa sensación de sublime adoración 
hacia la esencia de lo varonil. 


Joder, la tiene tan grande, cariño. Lo tienes que comprender. Es tan macho. 
Me hace sentir frágil y femenina.
¡Tienes que entenderlo! 


Es el contraste lo que me pone cachonda. 
Yo tan fina, y el tan fuerte. 


Me pongo muy nerviosa cuando me dice que lo acompañe a algún viaje de negocio 
y que deje te deje solo en casa.
Lo dice sin valorar las consecuencias. Sin respetarte. 
Y eso me moja entera. 


Haría cualquier cosa por él.


Nunca me deja que lleve braguitas y todas las mañanas me revisa a fondo para comprobarlo.


Ay, si lo vieras manoseándome el coño por encima de las pantimedias. 
Uff, cariño. 
Luego si me he portado bien, me deja que le chupe su gran polla. Es mi premio. 
Sí, mi premio, cariño, asúmelo. 


Y yo le doy las gracias, pero soy muy educada. 
 Sé que quizás esto te deje en una posición incómoda, pero me siento tan afortunada 
al poder meterme una cosa así en la boca. 
Acostumbrada a la minucia olvidable que tienes tú. 


No sé si te lo he contado ya, pero
últimamente el hijo de mi jefe también me echa unos polvazos que no veas. 
Mi jefe lo sabe. Le dijo que yo era un coño fácil que podía usar cuando quisiera.
Es un niñato tan arrogante e insoportablemente altivo, 
que no me puedo resistir a ponerme en pompita. 


Podría ser la madre de ese niñato. Lo sé. 
Pero siento tan sucia que no paro de correrme como una perra.


Me dice tantas guarrerías.
Si oyeras esa lengua. 
Qué hijo de puta está hecho el jovencito.
Se cachondea de ti mientras se corre dentro. 


Desde que te pongo los cuernos me siento más sexy y es fantástico. 


Me proporciona tanto placer que gritaría como una desquiciada.


Así que deja de enfadarte cuando ves cómo me visto para ir a la oficina.
Es lo que hay. 


Pero no puedo evitarlo. Mi jefe me ha cambiado la vida. 


Me gusta estar siempre perfecta para él.


A su entera disposición.


Él es un macho alfa. 
Y eso le otorga prerrogativas. 


Así estoy. Siempre excitada y dispuesta.


Me mojo tanto cuando me deja chupársela.


Es que tiene una polla que te quita la respiración.
¿Ya te lo he dicho?


A veces le ruego que me deje ser su puta. Tal cual. Luego me avergüenzo de mi actitud.


"Sí, soy su puta, señor", le grito. 
Sé que te duele, pero es la verdad. 


Pero ¿cómo no me voy a abrir de piernas con un hijo de puta de éstos?
Explícamelo, cariño. A ver.  


"Vas a llamar a tu marido para hablar con él mientras me la comes".
Ante eso, no puedo decir que no. 


"Sí, señor"
Encantada. 


"¿Me ha llamado, señor?"


"¿Te has puesto hoy braguitas? A ver, súbete la falda que te vea"


Otra vez lunes, qué excitante...


Toda una semana por delante para chuparle la polla...


Ojalá nunca llegue el fin de semana...


Ojalá me obligue a hacer muchas horas extras.


Mi marido puede esperar. 


Tengo tanto trabajo duro por hacer...


Eso es lo que quiero...


Entregada en cuerpo y alma a mi jefe. 


Reuniones interminables, reprimendas, castigos.


Siempre vestida con la lencería más fina. 


Me encanta ser una perra para él.


Todas las medias que me pongo, los taconazos, los maquillajes, todo es por él. 


A veces es tan bueno, tan flexible y condescendiente conmigo.


Estoy esperando una señal para ir corriendo detrás de él. 


Mataría por lamer esa gotita. 


Dios mío, es que me corro viva con esa polla en la boca.


Si sufres por tu nuevo papel en nuestro matrimonio tienes dos opciones. 
1) Te jodes, te vas de mi lado y me dejas en paz.
2) O lo aceptas y disfrutas de tus patéticos cuernos.  
Yo mando sobre mi vida. 
Y si no eres lo suficientemente capaz de gestionar ciertas cosas, 
también puedo mandar sobre la tuya y ponerte en tú sitio de cornudo apaleado. 
Si quiero ser la puta de mi jefe, tendrás que vivir con ello.
Acepta tus cuernos o lárgate de mi vista.  


-¡Te he dicho que no te pongas bragas, zorra!
-Oh, lleva razón, jefe. Lo siento. No volverá a pasar. ¿Qué puedo hacer para compensarle?


-Mmm, síii, otra vez castigada.


-Creo que deberá ser más duro conmigo, señor. 
No aprendo. 


-Voy a tener que llamar a tu marido para contarle lo puta que eres.
-Oh, ¿haría usted eso? ¿Sí? ¿Sería capaz?


-Creo que él comprende la situación perfectamente. 
Es un cornudo, patético, lamecoños indeciso y condescendiente. 
No como usted. 
Usted es un hombre de verdad. 



-El acepta en silencio que su mujer acabe 
follada por todo el departamento.


-Cariño, hoy también llegaré tarde. No llores. A callar. 


Yo necesito estar con un caballero que me haga sentir femenina. 


Una polla que pueda admirar. 


Mi señor.


-Súbete la falda. Quiero ver si has mojado las pantimedias ya.


-Están super húmedas, jefe.
Siempre estoy chorreando. 


-Córrase en mi boca, por favor. 
Me sentiría tan afortunada si lo hiciera. 


-Tráeme la correspondencia, de rodillas.


-Aquí tiene, señor. ¿Desea que se la chupe un rato?


-No lo vas a conseguir sin sufrir. 


-Voy a enviarle esta foto al cornudo de tu marido.


-No sé si te mereces a un hombre como yo. 


-Mira si soy bueno que te dejaré disfrutar un poco de mí. 
Buena gatita, lame, lame todo lo que quieras.


-Oh, sí. Por fin sé lo que es un hombre. 


-Me encanta ponerme medias y minifalda para usted.


-Sentir su mano fuerte manosearme el culo.


-Me visto sólo para satisfacerle.


-Necesito ser su perra.
Mi marido ya está anulado y enjaulado. 


Y procuro siempre ser obediente y no ponerme braguitas para ir a trabajar. 
Aunque a veces me olvido a posta para que me de unos cachetes.


Me da igual lo que opines de mí. 
Ahora quítate de mi vista y hazte una paja si puedes encontrarte eso tan diminuto que te cuelga.
De todas formas es para lo único que sirves.