jueves, 22 de junio de 2017

¿Cómo te ha ido con la entrevista?



-Hola cariño. Llego tarde, lo sé. 


-Pero la entrevista se ha alargado más de lo previsto. 


-Bueno, te fuiste ayer por la tarde y llegas hoy al mediodía. Creía que te habían secuestrado.
-Uff, qué va. Es que el jefe de la empresa que hacía la selección es muy exhaustivo en las entrevistas, ¿sabes? 

-Hola, tú debes de ser Shawna, ¿verdad? Yo soy Gerard.


-Hola, encantada. 


-¿Y esa ropa? Te fuiste con otro vestido. Llevabas medias negras.
-Mmm, sí. Eres muy observador. Me he tenido que comprar esta ropa de urgencia.
El tío suele quedarse con las ropas de las mujeres a las que se folla. Es como su trofeo.

-Perdone el atrevimiento, pero es usted un hombre muy atractivo.
-Oh, gracias. Tú también eres muy guapa.

-Dime una cosa, preciosa. ¿Te has traído algún currículum?
-Sí, por supuesto. Aquí tiene. 

-¿Has dejado que ese tío te folle?
-No le he dejado. Se lo he pedido, que no es lo mismo.


-Veo que estás casada.
-Bueno sí, pero soy una mujer con la mente abierta. No me gustan las ataduras.

-Eso suena interesante. A ver, explícate mejor.
-Sí, quiero decir que soy una mujer casada, amo a mi marido y todo eso, pero procuro buscar mi felicidad de manera unilateral, sin depender de él en ciertas cosas. 

-Sí, quiero decir que hay ciertas cosas que mi marido no puede darme. 


-¿Y cómo crees que voy a tomarme esto? Es muy fuerte. Una situación inaceptable.



-Tendrás que aprender a vivir con tu frustración. No eres lo suficientemente hombre para mí, ya te lo he dicho muchas veces.

-Lo que quiero decir es que mi marido está en un segundo plano. Si lo que necesita es una secretaria entregada plenamente a sus servicios, se lo explicaría a mi esposo y él lo comprendería perfectamente. Mi trabajo es lo primero. 

-Estaría dispuesta a hacer horas extras. A cuidar de usted en todos los aspectos. Puede ser todo lo exigente que quiera conmigo. Puedo aguantar mucha presión, ¿sabe? 


-No sé si puedo tolerar esto.
-Claro que lo vas a tolerar. Eres un patético perdedor, cariño. Me duele la boca de decírtelo. La tienes muy pequeña, eres inseguro, no sabes cómo satisfacer a una mujer. Debes aceptarlo. Además, estás perdidamente enamorado de mí.
No podrías vivir sin mí, y lo sabes, aunque te esté corneando a diario. 
-Eres muy persuasiva, Shawna. Me gusta. 

-He conseguido el trabajo de secretaria, cariño. Y a partir de ahora me debo a mi jefe.
Él será el único que pueda follarme y punto. 

-¿Y cómo es él?
-Es musculoso, guapo, negro, impresionante.

-¿Y la tiene grande?
-Uff, inmensa. Ni te la imaginas. 

-Empezó a tocarme con sus grandes y fuertes manos por todo mi cuerpo.
Me siento muy pequeña y frágil a su lado. Y eso me excita. 
-Oh, señor. Tiene unas manos tan grandes. 
-Me encanta tu cuerpecito, princesa. Eres todo un bomboncito. 

-¿Y entonces yo ya no tengo permitido follarte, sólo puede hacerlo él?
-Exacto. 
-Quítate la ropa. Me gusta quedarme con la ropa de las chicas que caen en mis brazos. 
-¿Ah sí? ¿Y cómo se lo voy a explicar a mi marido cuando vuelva sin mi ropa a casa?

-A partir de ahora serás un completo cornudo. Te enjaularé la pichita para que dejes de hacerte pajitas.
Ya sólo podrás obtener orgasmos sin tocarte, o por penetrarte el ano de maricón que tienes. ¿Comprendes?
-Mmm, me encantan tus medias. No podrás venir a la oficina sin unas medias puestas. ¿De acuerdo?
-Usted manda, jefe.

-A veces invitaré a mi jefe a casa y entonces nos servirás a los dos. 
-Seguro que tampoco le gustará que venga con braguitas puestas.
-No, lo tendrás totalmente prohibido.
-Ya me lo sospechaba.


-No sé si seré capaz de aguantar todo eso, en serio. 
-¿Y me azotará si me porto mal, señor?
-Seré implacable contigo. 

-Verás, cariño. Quiero que empieces a aprender a ser un buen cornudo. Todo es empezar. 
-Ay, me tiene usted muy mojada, señor. 

-Quiero que vengas y me lamas este coño de putón como el perro fiel que eres. 
-Oh Dios mío, me pone usted tan cachonda. 
-Le chuparé la polla todos los días, señor. Me pondré de rodillas, bajo su mesa, mientras usted trabaja. 

-¿No quieres probar a qué sabe el coño infiel de tu mujer?

-Joder, qué pollón.
-¿Te gusta, zorra?

-No me puedo resistir. 

-Claro que no puedes. Estás deseando meter la lengua justo por donde ese macho me ha estado
perforando con su enorme verga negra, ¿verdad?

-A lo mejor te gusta el sabor nuevo. 
-Qué bien me la chupas, putita. 

-Te huele el aliento a polla. 
-Mierda, cómo tragas, perra. 

-Bésame la boca con la que he estado mamando el pollón de ese negro. 



-Oh, sí, estás falta de una buena polla, ¿eh?

-Estás tan sexy con estas pantimedias, cariño. 


-Sí a partir de ahora siempre tengo que ir con pantimedias puestas. Órdenes de mi jefe.
-Vamos, te cabe casi entera, cerda. 

-Estás muy mojada. 

-Es el semen de mi jefe mezclado con mis fluidos. No ha parado de follarme durante todo el rato. 
-Eso, un poco, más. Abre bien esa boca, puta. 

-Oh, cariño. ¡Vas a hacerlo! Vas a lamer justo por donde ha entrado ese pollón. 
-Ay, Dios santo, es tan grande. 

-Huele a hombre.
-¿Te gusta?


-Ay, joder. ¡Qué gustazo! Me llena usted por completo. 

-Creo que sí, Es muy morboso.
-Pues no te cortes. Sigue, cornudo, y disfruta. 


-Me está perforando el coño, señor. 

-Oh, ya le vas cogiendo el gusto, nene. 



-Eso es. Así es como se porta un buen marido cornudo. 


-Mierda puta, creo que me voy a correr ya. ¿Me da permiso, señor?
-Córrete como una perra, vamos. 


-Nunca he tenido a un hombre como usted dentro de mí. Necesito correrme, por favor.
-Tienes el coño hecho agua, petarda. 

-No pares, vamos, lame ese coño follado. 
-Dios bendito, cómo me abre el coño. 
-Dígame que soy su puta, por favor. 
-Eres mi puta y te follaré cuándo y cómo me dé la gana. 
-Oh sí, soy suya, su puta casada y podrá hacer conmigo lo que quiera. 

-¿Ves? Para esto es para lo único que sirves, para lamerme el coño después de que me lo haya
maltratado un hombre de verdad. 
-¿El maricón de tu marido estará de acuerdo con tus responsabilidades laborales?
-Oh Dios, lo ha llamado maricón, sí, sí, me corro otra vez. 
-Dígale cosas a mi marido mientras me folla, me encanta oírle, señor, por favor. 

-Ufff, lo tuyo es ya vicio, ¿eh pequeñín?


-Creo que voy a llamar al perdedor de tu marido y le voy a decir que su mujer será mi putita a partir de ahora.
Le diré que es un mariconazo y que la tiene muy pequeña y que no es lo suficientemente hombre para ti. 
-Oh joder sí, hágalo por favor, dígaselo para que lo entienda de una vez. 

-Deja de tocarme, y lame, puto.
-¿Te gustaría llamarlo al móvil mientras te follo?
-Oh sí, y decirle lo bien que me folla usted, sí. 

-No me quitas las medias, ¿eh guarro? Qué te gusta el mariconeo. 
-Mi puta madre, me está apretando los meados con esa tranca. 

-Mmm, estás tan sexy con estas pantimedias.
-Anda calla y sigue comiéndome el coño a cuatro patas. Justo como me estuvo follando mi jefe. 


-Estás estrecha como una jodida vírgen, furcia.
-Sí, me está ensanchando por fin, jefe.
-¿Así te estuvo follando?
-Sí, a cuatro patas como a una perra. 
-Y no veas lo bien que me follaba. Era infatigable. Una máquina. 

-Me está usted matando de placer, señor. 
-Cuidado que aún lo tengo un poco dolorido. 


-Ah, sí. Tu lengua de cornudo es como un bálsamo calmante. 

-Lame bien y repasa el sudor de su polla. 

-Oh, qué ímpetu, cornudo. Le estás cogiendo afición al tema. 
-Pedazo de puta, la próxima vez voy a follarte delante de tu marido. 

-Mmm, ¿a qué te sabe su semen? 

-Delicioso. 

-Oh, si te viera tu madre ahora, cariño. Su niñito lamiendo la leche de otro tío en el coño de su mujer. 
-Te voy a follar delante de ese maricón y luego me voy a correr en su cara de pringado.
-Oh, por favor. 

-Ay, tu puta madre, repásame el culo, que también me lo ha follado. 

-Eso es. Suavecito. 

-Si lo hubieras visto cómo me follaba el ano, cariño.
-Me hubiera encantado verlo. 
-¿Te gusta que te de por el culo, puta barata?
-Joder sí, mi marido nunca me lo ha follado. 


-Pues pronto lo verás. Mi jefe quiere follarme delante de ti. 

-¿Estarás preparado para vera a un macho musculoso, negro y con el torso brillante de sudor,
follarse por detrás a tu preciosa esposa?
-Ay, ay, oh, uh, me corro por el culo, Santo Dios. 

-Por tu ahínco, entiendo que lo estás deseando. 
-Cochina, te voy destrozar a base de bien. 
-No te cansas, ¿eh cornudo? 

-Date la vuelta, preciosa. El sabor de tu coño follado es único, adictivo. 

-Pues nada, disfrútalo. 

-Quítate las pantimedias, por favor. Quiero que te abras bien de piernas. 

-¿Puedo hacerte una pregunta, cariño?
-Claro. 

-¿Le chuparías la polla a mi jefe si te lo pidiera?

-Eres muy mala. 

-Lo tomaré como un sí. 

-Te encantaría, cariño, lo sé. 
-Sentir tu boca llena de ese embutido de carne negra y engrasada. 

-Seguro que me vuelve loco.
-Oh sí, claro que sí.
-Y cuando te empuja la cabeza para obligarte a tragarte más porción.
Pero tú no puedes, porque es tan jodidamente grande que no te cabe entera en la boca. 

-Me encantaría verte babear con su polla. 

-Ver los hilos de su presemen colgando de tus labios de cornudo... 
-Mi marido vestido con lencería fina, dejando que mi jefe le folle la boca de maricón. 
-¿Y dejarías que se corriera en tu boca?
-Si tú me lo pides.
-Ay, claro que te lo pide, cornudo. Me harías tan feliz.