jueves, 8 de septiembre de 2016

CONVERSACIONES CON MI MARIDO


YO: Estás todo el día quejándote de que estás estresado, de que tienes mucho trabajo. 
¿Crees que tus cuernos crecen solos?






¿Tú sabes lo duro que es ser la esposa caliente de un cornudo como tú? 
¿Todo el día maquillada, con medias puestas y entaconada?
Implica mucha dedicación, mucho esfuerzo, mucho sacrificio. 
No es fácil ser un zorrón como yo a diario. 
Además siempre tengo fisuras anales, desgarros, infecciones vaginales.
¿Crees que tener tantos orgasmos no me altera el sistema nervioso central? 



Bueno, la verdad es que luego tiene su recompensa. Tener todas las pollas que quiera para mí. Eso es algo con lo que muchas mujeres casadas sueñan, pero no se atreven a hacer realidad. 
Y la verdad es que tengo mucha suerte de tenerte como mi marido. 
Además siempre estás dispuesto a echarme el gel reparador para calmar mi ano irritado y mi coño escocido después de follárselos tantos tíos al cabo del día. 




Ven anda, que voy a contarte como es un día cualquiera en mi vida como esposa caliente.



Me pone muy cachonda ilustrarte lo infinitamente cornudo que eres.  



Nada más despertarte, ya estás oyendo la voz de otro hombre en nuestro dormitorio. 
Me gusta darte los buenos días, recordándote lo poco hombre que eres. 




Para ello suelo levantarme un poco antes y meter a algún tío en casa. El panadero, el lechero, el repartidor de periódicos, cualquiera que vea pasar por la calle y que  me resulte atractivo. 






Y me pongo a chuparle la polla delante de ti. 



Luego dejo que me folle ese desconocido y te obligo a mirarme a los ojos. 
Quiero que veas bien el poco respeto que te tengo.
A veces te insulto mientras ese tío me está follando. Otras veces tan sólo te doy los buenos días en plan "Buenos días, cariño. ¿Has dormido bien? Mira qué cuernos tan tempraneros llevas ya puestos". Cosas así.  





Luego dejo que te hagas el desayuno. 


Entonces puede que me quede un rato chupándole la polla al primer corneador del día a tus espaldas o... 



... tal vez lo haga en la misma mesa donde estás desayunando. 
La verdad es que las dos cosas me encantan. 





Cada escenario y actitud es una clase de humillación diferente, con matices muy interesantes. 






Como por ejemplo esconder a mi amante detrás de la pared, cuya polla estoy tocando impaciente por sentirla dentro de mí, mientras te despido y te deseo un feliz día en el trabajo. En ese caso lo mejor es que mi amante no sepa que eres consciente de tus cuernos. Así es más excitante. Es una clase de zozobra distinta la que te invade, ¿verdad? Piensas: "un desconocido está ahora mismo pensando en lo puta que es mi mujer y en lo pringado que soy yo". 
Me vuelve loca jugar con tus sentimientos de ese modo. 




Tan pronto como sales por la puerta follamos como locos y luego me pongo a actualizar mis blogs, a hacerme fotos, vídeos para mis admiradores en Internet. 





Aún no has llegado en coche al trabajo cuando ya tengo media red incendiada con tíos dispuestos a engrosar tu colección de cuernos. 



Si supieras todas las cosas que me dicen. Incluso me envían fotos de sus pollas descomunales totalmente erectas. Mmm, qué monos.




Seguidamente se inaugura oficialmente la caza de hombres del día. Últimamente tenemos esa obra enfrente de casa y... bueno ya sabes cómo me pone un obrero sudado y sucio con un casco puesto, así que no me hace falta dar muchas vueltas. 




Ya me conocen y esperan el momento de que te vayas a trabajar. 





Algunos incluso se han empezado a depilar los huevos y todo para mí. 
Oh, me encanta influenciar a los hombres. 



Para que te hagas una idea, mientras tu jefe te está echando una bronca por llegar tarde (deberías cambiar de coche, cariño, ya te lo he dicho), 



yo ya tengo trabajo acumulado. 




Más que tú, seguramente. 





Además, menuda tarea estar buscando machos por ahí. 






 A veces incluso tengo que irrumpir literalmente en casa del vecino para cazar una buena polla con la que cornearte. Así, en plan desvergonzada.  




MI MARIDO: Desde que llevo esta vida de cornudo se libran a diario auténticas batallas de emociones enfrentadas en mi interior. 




Estoy en el trabajo imaginando cosas. Pensando en que en ese momento te estarás insinuando al chico de mantenimiento de la piscina. 






Y me comen los celos. 






En mi mente te veo sorprendida por el tamaño de la polla de ese chico, de un tamaño tan superior al que yo pueda ofrecerte, y me enciendo de rabia al tiempo que noto cómo tengo una incipiente erección. 






Estoy en una reunión y pienso en que le has invitado a tomar una ducha, 




para refrescarse y tú no puedes dejar de espiarle, porque te fascina su polla grande y rocosa. 






Y yo pierdo la concentración. Es imposible hacer bien mi trabajo sabiendo que estás babeando por otro tío. 





Anonadada por un macho empalmado. Y sé que exclamarías una admiración entregada por la grandiosidad de su virilidad. Sí, se lo dirías con esa voz de niña traviesa. "OH DIOS MÍO, QUÉ GRANDE ES, MUCHO MÁS GRANDE QUE LA DE MI MARIDO". Esa voz, tan irresistible. 



O tal vez  mi imaginación es lenta y ya estás montándolo y a esas horas ya estás volviéndote loca de gusto. 






Entonces ya no lo aguanto más y te llamo. 




Tu voz vidriosa y jadeante me contesta al otro lado del hilo telefónico: 
"Ho-o-ola cariño, ¿cómo te va en el trabajo?"






"Sin dejar de pensar en ti", te respondo, con un pellizco en el corazón porque se oye perfectamente a un hombre gemir al fondo. Dios, se oye hasta el movimiento de la cama, debido a los embistes que te está propinando. 


"Aquí estoy con el chico que limpia la piscina, cariño", me contestas sin aliento. 

"¿Y qué estás haciendo?", te pregunto yo, sin saber muy bien si quiero oír la respuesta de tu boca. 



"Pues con las piernas abiertas y encajando su imponente pollón. ¿Qué quieres que esté haciendo con lo bueno que está el tío?"






Y yo siento de nuevo como mi pequeño pene presiona el pantalón. Incluso siento algo de humedad en la punta. Corro el riesgo de que el presemen me dejé una embarazosa mancha en la entrepierna. Sólo puedo decir un "te quiero" dolido y excitado. 





"Yo también te quiero, vida mía. Oh, si lo vieras lo bien que me está follando este maromo, aquí encima de nuestra cama de matrimonio, justo encima de donde duermes, cariño, justo aquí". 




Y yo te cuelgo, enfadado, muy enfadado contigo, pero también enamorado, loco por ti, indignado y cachondo perdido por tu atrevimiento, por tu falta de vergüenza, por lo poco que me respetas. 




Y es que me calienta y me duele tanto a la vez saber que tantos hombres disfrutan de tu arrobamiento casi adolescente por tener una polla más grande que la mía. 



Mi jefe me grita que soy un inútil y sé que lleva razón. 


Ya que en ese momento tienes entre manos la constatación de que no puedo llegar nunca a satisfacerte como lo hacen esos tíos. 






YO: Oye, cariño. Me pones como si fuera una puta redomada. Que también hago las labores de casa, ¿eh? Eso sí, mientras le hago una mamada al cartero. 







Y voy al gym para estar en forma. Que haya un monitor que se haya encaprichado conmigo es circunstancial. 




De acuerdo, alguna que otra vez he entrado a posta en el vestuario de los chicos. Ufff, es que  después de levantar pesas, se les ponen esos cuerpos tan vasodilatados y brillantes por el sudor. Y además, ese olor que desprende el vestuario de machos es tan irresistible, uff cómo me pone, me mojo como una fregona. Ese aroma rancio a transpiración y testosterona a tope me pierde. 






Y debo reconocer que en más de una ocasión me he llevado a algún tío cachas del gym a casa. 






Y lo he metido en nuestro dormitorio. 






MI MARIDO: ¿Musculoso y con tatuajes?

YO: Musculoso, con tatuajes y negro. 





MI MARIDO: ¿Y llevabas medias?

YO: Ajá. Lencería muy sexy, de la que te gusta. 

Y le suelo pedir primero permiso para chupársela. 




MI MARIDO: ¿Cómo se lo pides?

YO: Pues... Por favor, me dejas metérmela en la boca. Lo necesito. Mi marido la tiene muy pequeña y estoy necesitada de un buen rabo como el tuyo. 


MI MARIDO: ¿Y qué te dice el tío, por Dios?

YO: Pues a veces me dice que no me la merezco. Que le implore. Y yo claro, le imploro. 

MI MARIDO: Entonces te postras y te doblegas ante él.








YO: Exacto. Y cuando por fin me la meto en la boca, me derrito de un placer indescriptible, por no permitírmelo a la primera. Me siento como una niña golosa que por fin le han permitido chupar un helado antes de cenar. Es mi premio, ¿comprendes? Un premio que me ha supuesto mucho esfuerzo conseguir.  








Me llama de todo mientras se la chupo.  Imagínate. Me dice con arrogancia: "Vamos puta, empieza a mamar". Y yo obedezco, dócil y servicial. Él mantiene en todo momento esa actitud de sobrado, como si yo fuese sólo una más que aspira a meterse su polla en la boca. 





Y seguramente sea así, cielo. Eso es ser un macho alfa, el líder de la manada. Tú jamás sabrás lo que es tener a una mujer arrodillada delante de ti y agradecida por dejarla saborear tu imponente masculinidad. 





                             Es una sensación única. Indescriptible. 



Pero mira si pienso en ti, que suelo grabar el encuentro para que puedas disfrutarlo en tu tablet en directo.




Me gusta que veas lo zorra que puedo llegar a ser con otro hombre mientras tú no estás en casa. 


Además la mayoría de los tíos están mucho más relajados cuando no estás delante y suelen ser más atrevidos. Me suelen decir cosas más sucias, se ponen más machitos. 




Ya sabes cosas tipo: "Te voy a sacar la mierda a pollazos" o "te voy a apretar los meados hasta el fondo, pedazo de guarra". Ufff, cuando me hablan así, pierdo completamente la razón. 





Además sé que me estás mirando desde la oficina. Entusiasmado con el espectáculo y me descoco completamente.







MI MARIDO: Es verdad. Eres tan femenina, tan frágil cuando te corres con ese salvajismo. Es una imagen de una belleza tan dolorosa. Envidio tanto a esos hombres que son capaces de hacerte gozar así.




Esa envidia, esos celos, se me instalan en el estómago y me retuerce el corazón. 




YO: Por eso estamos tan enganchados a esto cielo. Por el subidón que nos dan las emociones extremas. ¿Crees que si no supiera que detrás de todo estás tú, sufriendo, reconcomiéndote por dentro, yo disfrutaría tanto durante el sexo con otros hombres?




Es saber que estás agobiado porque no saber dilucidar si esos celos que sientes son dolorosos o gozosos, 





lo que hace que me abra entera para otros hombres. 





Es imaginarte allí, paliducho y preocupado en la oficina, tirándote de los pelos porque no sabes si odiarme o amarme hasta morir, 



lo que me pone el coño irremediablemente encharcado cuando un amigo tuyo me machaca por detrás. 




No me digas que no es un morbazo saber que todos en la oficina saben que eres un cornudo y que se ríen de ti, 




mientras yo procuro poner inútilmente uno de tus preservativos a uno de mis amantes.







Todas tus compañeros de trabajo señalándote porque saben lo pequeña que la tienes. 





Y yo arponeada viva por una mala bestia. 





Todos en el trabajo cuchichean. Saben lo puta que soy y lo poco hombre que eres por permitirlo. 







Muchos tíos me susurran en el oído que te conocen y me prometen que te pararán en mitad de la calle para decirte que se han follado a tu mujer y que volverán a hacerlo cuando les plazca. 




Sí, sé que aún no tienes superado esa fase de ser un cornudo público y notorio. 







Pero, ¿que quieres que te diga? A mí me hace perder el juicio que un tío me diga que te conoce y que le dirá a todo el mundo lo puta que soy y lo cornudo que eres. Yo, en respuesta, me ponga como alelada a desvivirme en chupársela. 







Los orgasmo son más intensos cuando imagino que en el trabajo las chicas chismorrean sobre ti, que digan que eres un perdedor, que tu mujer te humilla a todas horas. 






Esos pensamientos mezclados con una increíble follada de uno de mis amantes, hace que me recorran espasmos desde los pies hasta la cabeza, todo mi cuerpo se desarticula por dentro,  es la mecha encendida que consigue que estalle una tormenta de gozo en mi interior. 






Oigo a tus compañeras en mi mente decir cosas como: Ahí va el cornudo. Dicen que la tiene muy pequeña, la verdad es que tiene cara de tenerla diminuta. 





Y yo intentando controlar una nube de mariposas agitando las alas como locas dentro de mi vagina. No te haces una idea de la clase de fruición que es capaz de proporcionarme la polla de un desconocido en momentos como ese. 







MI MARIDO: Es verdad. Mis compañeros están todo el día rumoreando sobre mis cuernos. Me señalan, se ríen de mí.





 Saben que mientras yo estoy en la oficina, tu tienes la boca llena con el pollón de algún tío. 




Sufro al pensar qué te están haciendo en ese momento. Cuánto más grande que yo tiene la polla el hombre con el que estás, si te tiene demasiado impresionada.





Me duele el corazón al pensar que  encuentres algún día un tío que te folle tan bien que te enamores de él y me dejes. 





Un hombre que te ponga los ojos en blanco. 





No sé si pudiera soportar que mis compañeros supieran que después de serme infiel hasta el hastío, me has dejado por otro. 






Por un hombre que te vuelva loca de verdad. Tanto que sea capaz de proporcionarte un orgasmo sin tocarte, sólo llenándote la cara con su templada y espesa leche. 



Sé que algún día lo encontrarás y eso me está matando. 



Hay tantos machos mejores que yo. Has tenido ya tantas pollas más grandes que la mía metidas en la boca que temo que algún día llegues a mamar la polla perfecta, la que te haga ver la estrellas al rodearla con tus delicados labios y que decidas sacarme de tu vida, prescindir de un cornudo como yo y entregarte al amor pleno. 






YO: Es verdad, puede ocurrir. De hecho creo que me he enamorado un montón de veces ya.






Pero yo que tú no preocuparía demasiado. De hecho, aunque me enamorara de otro, para mí tenerte a mi lado como un perrito faldero es un desenlace tan humillante, una desunión tan perversa ante cualquier respeto de las leyes de matrimonio y de convivencia, que me hace sentir poderosamente sexy, tanto que me derramo por dentro. 
Tu cornudez me provoca un deleite psicológico muy intenso, cariño. 





MI MARIDO: ¿Entonces no me dejarías nunca?







YO: No creo que pueda encontrar a un marido más bobo ni más consentidor que tú, cielo. Definitivamente no, no te dejaré.






¿Dejarte cuando eres capaz de aguantar todos escarnios posibles...




...mientras la polla gorda de algún amigo tuyo está invadiéndome por dentro? No, perdona.





MI MARIDO: Cariño, gracias por decirme esas cosas tan bonitas.




YO: De nada, mi vida. Soy consciente de la inmensa suerte que tengo de tenerte a mi lado.




MI MARIDO: Yo también soy muy afortunado de tener una esposa como tú. 




YO: Pero cariño, si estoy todo el día con el pompis en alto para otros hombres... ¿En serio sigues enamorado de mí?




¿A pesar de mis orgasmos descontrolados con tu mejor amigo?


¿A pesar de ser la mascota de los chicos del barrio?


¿A pesar de que todo el mundo sabe en tu trabajo que... 


...me vengo enterita mientras le lamo los poderosos huevos a tu jefe?



MI MARIDO: Por supuesto, cariño. Precisamente por esas cosas te quiero. 





Saber que disfrutas con otro hombres lo que yo no puedo proporcionarte, me hace sentir enormemente satisfecho. 





Estoy en una reunión y estoy esperando a que suene el móvil con algún mensaje tuyo despectivo, con algún vídeo irrespetuoso. 



Pero tú estás demasiado ocupada para estar pendiente de mí. 


Y eso me hace profundamente feliz. 


Tú puterío es mi felicidad, amor mío.


YO: Eres increíble. ¿Cómo puedes ser tan patético, cariño? 
¿Es que no te pica que te llamen cornudo por ahí?



¿Cómo es posible que me sigas adorando habiendo sido usada por todos tus amigos?



Una y otra vez. Una y otra vez. 




Con todas las pollas que he chupado, por Dios. 





MI MARIDO: Sí, lo sé. Y me duele, pero es un dolor tan sumamente placentero.



YO: Pues debes de ser un marido muy feliz, ¿eh?







MI MARIDO: Oh, sí, sobre todo cuando por fin me envías alguna foto mientras estoy en el trabajo.






Aunque debajo me digas que me pase a la vuelta por el supermercado para comprar algo, ya que no has tenido tiempo de preparar el almuerzo. Lógicamente. 



Me tienes completamente anulado y dominado. 


Así que voy y compro los ingredientes necesarios para prepararte un almuerzo, ya que tú has estado demasiado atareada follando con otros hombres para hacerlo y yo lo comprendo.


Y entonces llegó a casa.


Hay días que te busco por toda la casa y no te encuentro. "Cariño, ¿dónde estás? Ya he vuelto".


Otras veces estás ahí mismo, en el salón, arrodillada frente a un hombre y me das la bienvenida. 




"Entra, cariño, estás en tu casa", me dices llena de cinismo.






Me matas con esa mirada fugaz que me lanzas cuando te sorprendo abierta de piernas para otro tío. 





Y es que a pesar de que te he visto muchas veces con otros hombres, siempre me produce el mismo impacto emocional. 




Verte allí, despreocupada por si te pillo, tan desvergonzada... 

...tan desfondada. 


Tan ocupada...


El corazón me arde de celos cuando veo las nalgas de otro tío tensarse entre tus piernas. 



Esa actitud despreocupada que mostráis. Sin ningún miedo o respeto hacia mí. 


Oh Dios mío, esos gemidos que inundan la casa. Que llegan hasta el vestíbulo. Y luego te descubro, lentamente, pidiéndole a un macho que te siga follando "por favor". Cómo me escuece que le supliques a los tíos que te follen, mierda. 





Allí estás todos los días, abierta de piernas, encima de nuestra cama de matrimonio, la misma donde duermo por las noches, sin parar de recordarle al tío lo grande que tiene la maldita polla. 


Otras veces os escondéis, sólo para mostrarte de pronto frente a mí, sin reparos, haciéndole ver al tío, cuya polla estás mamando, lo poco que temes ser descubierta por mí. 


Y yo no me canso de mirarte. Es como una droga.


Es tan bello verte poseída por otro. 







Ese instante en que nuestras miradas se cruzan. Tus ojos clavados en los míos, llenos de desafío, retándome a ser un hombre e imponer el orden en mi casa. Pero ese desaire me vence y ya sólo me queda asumir mi posición de derrotado. 






YO: Ese momento me enloquece a mí igual que a ti. ¿Y qué me dices cuando el macho te explica hasta donde me va a penetrar, mostrándote la inmensidad de tu órgano viril. 



O cuando entras en la habitación y te muestras enfadado. Oh, me encanta. 





Pero, claro pronto te pongo en tu sitio. 






Y te muestro la razón por la que eres un cornudo. "¿Ves? Sólo teniendo un pollón así, dejarías de ser un cornudo". Pero como eso es imposible...





...te tienes que conformar mirando mi carita de placer al ser debidamente cogida por un hombre genéticamente superior a ti. 





Oh, me sobrepasan esas caras de tontito que pones.



Cuando te reto a detener a ese amigo tuyo y echarlo de la casa y no puedes...


Esos mohínes de desesperación. Ufff, cómo me ponen. 



Hay otro hombre que está partiéndome el culito delante de tus narices... 


... y tú ahí, hecho un fantoche. 


Mordiéndote las uñas por la impotencia. 


Pero, ¿es que no ves que están arando el ano de tu esposa, por el amor de Dios?




¡Eres tan cornudo, joder! ¿Cómo es posible que me toleres tanto?



Pisada, follada, horadada... 


...por tantos machos... ¿Eso es lo que quieres?


¿Que sea la puta de todos esos hombres?


MI MARIDO: Oh, sí cariño. Y que te rías de mi pene mientras mamas un bálano abultado y negro. 


Masturbarme mientras te pregunto si te gusta cómo te abren ese hermoso culito que tienes y que tú jamás me has dejado penetrar. 


YO: Oh sí, y cuando llegas tan cansadito que te echas la siesta mientras yo aprovecho para meter algún tío en casa que no sabe aún lo sumiso y consentidor que eres. Me encanta cuando los tíos piensan que están follándome a tus espaldas, sin tu aprobación. 



Lo hacemos en silencio, para no despertarte. 




El tío no para de mirarte de reojo, temiendo a que te despiertes y nos sorprendas. Ufff, esos momentos son tan intensos.

MI MARIDO: La verdad es que cuando llega la cena y sigues chupándole la polla a algún tío, me siento algo desilusionado. 




No paras de zorrear, ¿cómo eres capaz?

Todos esos hombres disfrutando de tus atenciones... Joder. 


Aburrido me pongo a ver la tele, pero tengo que subir el volúmen para no oírte gritar. 



"¡Mierda puta, te vas a acordar de mí!" "¡Oh, fóllame como si me odiaras, cabrón!"




Pero no tienes suficiente con eso y se sientas con ese tío en el sofá, a mi lado. 



Y te pones allí a tragarte esos nabos mientras esos hijos de puta me preguntan cómo va el partido. Y yo les doy el resultado. Casi siempre son del equipo contrario, y casi siempre es su equipo el que va ganando. Y encima se ríen de mí. 






Mi equipo va recibiendo una goleada del eterno rival, mientras tú me refriegas mis cuernos en la cara.




"Oye tío, el delantero ese que habéis fichado es un paquete. No hace nada. A ver cuándo vais a aprender a jugar al fútbol de verdad, tío". 


"Este año tampoco vais a ganar ningún título, sois unos perdedores natos, os venís abajo cuando estáis bajo presión". 


Y con el pitido final, el tío se corre en tu boca y dice: "Toma paliza que os hemos dado hoy, ¿eh? Casi tan intensa como el polvo que le acabo echar a la putita de tu mujer".



MI MUJER: Es que esos momentos en los que te dejas humillar de una forma tan deplorable son los momentos más sexy de nuestro matrimonio. Cuando te digo que lo siento, que no quiero hacerte daño, pero que soy incapaz de resistirme ante la tentación de ser follada por tu jefe... ¿Eh? Te pones cachondo, ¿eh?

ç

"Oh, cielito lindo. ¿Me perdonas? ¿Dime?"



"Es sólo un momento, cariño. Es sólo probar lo que es ser cogida por un macho como tu jefe."





"Ay Dios mío, me voy a correr. ¿No te importa que me corra, cielo? 
¿Te enfadas si me vengo sobre su polla?"


Pero tú nunca te enfadas, ¿verdad?


Cuánto más puta soy, más me adoras. 



Más me quieres. 


Y yo te premio por eso.



Te agasajo con todo lo que te mereces por ser tan cornudo.



Constantemente.