viernes, 24 de marzo de 2017

Será nuestro secreto (Para Pedrito)




Hasta aquí hemos llegado, Pedrito. 




No estoy dispuesta a soportar ni un minuto más la pequeñez de tu pene. 



Estoy desesperada, cariño. Ya no aguanto más. 



¡Yo necesito a un hombre de verdad! ¡Con una polla de verdad!



¿Comprendes que no puedo vivir eternamente masturbándome mientras veo a tíos con pollones por Internet? Quiero decir, te quiero y todo eso, pero tu novia Vanesa se merece ser follada como es debido. 


Y tú no puedes, evidentemente. 



Yo sueño con un tío al que se le ponga dura con nada más verme. 




Estoy harta de tu ridícula pichita. Por el amor de Dios, si es como si le estuviera lamiendo el clítoris a una tía. Seamos serios. 




Tienes que saber que tu falta de masculinidad me ha obligado a llamar a mi ex en más de una ocasión. 



Le he contado cuál era el problema. Le dije que tú eras incapaz de satisfacerme como él lo hacía. 


Pero no te preocupes. Yo ya no lo quiero. 



Sólo necesito su polla dentro de mi coño desatendido alguna que otra vez. 
Supongo que es algo que lo comprenderás perfectamente. 




Tú ya no me sirves. De hecho, no le servirías a ninguna mujer. 
No puedes comparar esto tuyo...



...con esto...



A veces necesito sentir que estoy con un hombre, con un macho, no con una nenaza como tú. 




Dios mío. Esa sensación de no poder metérmela entera en la boca es una locura. 


Eso es algo que tú no podrás darme jamás. 


No tienes esa rudeza sexy que tiene mi ex. 


El usa mi boca como si fuera un coño más. 


Tú no sabrías hacerlo. 



La verdad es que ni siquiera la siento dentro de mí cuando intentas follarme 
con tu patético pene de crío. Me dejas seca. 


Sin embargo, con tan sólo besarme mi ex, ya me mojo entera. 



Oh, y cuándo me da cachetes y me dice que soy su puta. 




Muchas veces me ha llevado en hombros hasta nuestro dormitorio diciéndome que me va a dar lo que tú no puedes darme. 



Me soba el coño, me lo maltrata, diciéndome que estoy malfollada y yo le doy la razón. 



Oh y cuando me dice que me dejará chuparle la polla sólo por esa vez, como si fuera algo que me tuviera que ganar, un premio, un regalo. 



Y los dos sabemos que lo es. Que me siento afortunada cuando me permite saborear ese monumento de carne y venas. 



El hijo de puta sabe lo que me gusta. Me ata, me hace sufrir. Me la saca justo antes de correrme para que le implore clemencia. Me dice que hasta que no le diga que él es más hombre que tú, no sigue follándome. 



Y yo se lo tengo que decir. ¿Lo entiendes, verdad? 




Te humillaría hasta lo indecible con tal de que me siga follando. 




Justo cuando me corro, él te llama cornudo y cosas aún más fuertes y yo me voy con todo. 


Es tanta la diferencia contigo. Tu forma de follarme es tan triste.  


Él sin embargo me folla como un toro bravo. 



Así que te voy a decir una cosa: a partir de ahora saldré por ahí a putear.  


No me eres útil como hombre. 


Buscaré por ahí a tíos que me pongan en mi sitio. 




Mientras tú te quedas solito en casa, haciéndote pajas con tu minúscula pichita de cornudo. 


Déjame que disfrute de una buena polla, por favor. 



Déjame gozar de un chico con los abdominales marcados. 



Que me lleve a alcanzar orgasmos interminables. 
Me lo merezco, mierda. 


Un tío que me trate como a una perra cuando necesite sentirme como una. 



Que me haga ver las estrellas. 


A decir verdad ya más de un amigo tuyo me ha tenido arrodillada frente a él, 
lamiéndole los huevos. 



Hay uno en particular, sí tu mejor amigo, a quien le gusta dejarme el culo desfondado cuando tú no estás y luego follarme el coño de manera espectacular. Es insaciable. 


Ay, y cada vez que voy al fisioterapeuta no es para que me de un masaje en la espalda, es para correrme sobre su polla como una furcia desatada. 


¿Te acuerdas del monitor del gym del que te hablé? Pues no veas lo machito que se pone cuando lo invito a casa en tu ausencia. 


¿Y te acuerdas de aquella dieta estricta que hice para quedarme más delgada?
 Pues no era para agradarte a ti, si no a mi jefe, a quien le encantan las flacuchas. 


                                                                   Mmm, mi jefe.


¡Cómo empuja el muy hijo de perra!


Es un jefe exigente en todas sus facetas. 


Autoritario, déspota, engreído. 


Es tan cabrón que me tiene que dar permiso hasta para correrme. No puedo hasta que él me lo dice. 
Y cuando lo hace, me despliego en un éxtasis de rabia y placer. Me vuelve loca. 


¿Te gustaría ver cómo me folla mi jefe algún día? Él me lo ha insinuado muchas veces. 


Tiene ganas de que me veas escupirle sobre la polla. 



Me ha pedido muchas veces que lo invite a casa y presentártelo. 


Quiere que veas lo que me gusta sentir su polla dentro de mi culito. 


Que veas cómo me corro a chorros cuando me agranda el ano. 
¿Te gustaría? ¿Estarías dispuesto a quedarte mirando?


Te advierto que ver cómo se folla un macho de verdad a tu querida novia Vanesa en directo 
puede ser muy traumático. 


Ver cómo otro hombre me empala sobre nuestra cama...




Escuchar mis gemidos, Pedrito, mis súplicas para que me siga follando. 



¿Y si en vez de con mi jefe, te pusiera los cuernos con un negro? 
¿Te he dicho alguna vez que me vuelven loca los negros?



Contemplarme con las rodillas hincadas en el suelo, tragándome un buen rabo de negro puede ser determinante para que te enteres de una vez cuál es tu sitio en nuestra relación. 




Te miraría a los ojos, desafiándote a ser un hombre e impedirme que sea tan puta. 



Pero tú no harías nada, ¿verdad?. Te quedarías calladito y mirando 
cómo disfruto de lo que tú no tienes. 



Le pediría a ese hombre que me azotara delante de ti, para demostrarte que soy una putita sumisa cuando estoy en manos de un macho de verdad. 



Le haría cosas que jamás te haría a ti. 



Llegaría hasta lamerle el culo a ese negro delante de tus narices. 


Sí, tu amada Vanesa chupándole el agujero del ano a un negro. Me encanta hacerlo. 


Ay, y sentirme usada entre dos morenos superdotados. 

No hay nada como que te metan un pollón negro, cariño. 


Me siento cómo un juguete sexual en manos de un tío así. Sin embargo contigo me siento como si no supieras lo que hacer conmigo. Eres tan patético. 


Por eso te he faltado ya todo el respeto, Pedrito. 



Por eso ya ni me doy cuenta cuando entras en casa. 


Nadie te toma en serio. Los tíos al verte, te ningunean y siguen follándose a tu novia como si nada. 


Y eso me pone tan cachonda que me vengo en cascada. 



Que esos hombres sigan haciendo lo que les venga en gana conmigo, incluso estando tú delante, porque intuyen que eres inofensivo, permisivo, un pelele cornudo y transigente, 
me lleva a un éxtasis delirante de fruición.  



Me corro con tanta fuerza que rozo la locura. 


Sólo al final te hago caso, cuando estoy folladísima. 


Entonces te llamo para hagas tu trabajo. 


El único para el que sirves en realidad. Limpiarme el coño de semen con tu lengua de perro. 



Pero tampoco es que seas un genio haciéndolo. 
Tengo que estar constantemente diciéndote que comas. 



Ya no hay vuelta atrás. 


Siempre que tenga la más mínima oportunidad, meteré a un tío en casa. 


Me liaré con él. 


Y le diré que estás a punto de llegar a casa mientras se la chupo. 


Luego te dejaré que te hagas una paja mientras nos ves follar sobre nuestra cama. 




O incluso, si me siento generosa, te dejaré que nos grabes con el móvil para que puedas masturbarte luego a solas con él. 




Y al final, se tragarás toda la leche que me echen esos tíos. 



Y digo yo. Si ya no me sirves como hombre, ¿para qué necesitas una polla?



No puedes follarme, así que eres poco menos que una chica. 


A partir de ahora te tomaré como una amiga. ¿Te gusta la idea?



Incluso te follaré el culo de vez en cuando para hacerte olvidar tu masculinidad al completo. 



Poco a poco te haré un cornudo total. 
Vamos, Pedrito, no pasa nada. Lo estás deseando. 
A tu novia Vanesa no la puedes engañar. 



Venga, hazlo por mí. Anda. Me pone cachonda ver cómo 
le chupas la polla a mi ex. 
Vamos, agradécele que se folle a tu novia de vez en cuando. 


Ay, sí, lame mi coño mientras me folla tu amigo. Así. 




Ah, Dios mío. ¿Qué estás haciendo, joder? ¿Qué estás haciendo con esa lengua de perdedor?


Joder, ¿le estás lamiendo los huevos a mi jefe?
Qué barbaridad. No pensaba que fueras capaz de hacer una cosa así. 



Por el amor de Dios, Pedro. Este tío es tu peor enemigo. 
¿Cómo puedes engrasarle la polla con la que va a follarme?
¡Es humillante!


¿Sabes qué? Te voy a dar una última oportunidad para que recuperes tu hombría. 
Dejaré que te corras en mi cara. Venga. 



Jajajajajaja. ¡No puedes! 
Ya no hay vuelta atrás. 
Eres un mariconazo cornudo. 
¿Ves?



Mira cómo se corre mi ex en mi boca. 
Míralo bien y aprende. 



Mira cómo lo hace un hombre. 
Me pone la cara perdida, con decisión, sin remordimientos. 


Eso es lo que me vuelve loca. 
Un hombre que se corra donde le de la gana sin pedirme permiso. 



Oh Pedrito. Dame un beso. 


Vamos, saborea la virilidad del tío que te ha puesto los cuernos. 



¿Te gusta, maricón?


Claro que sí. 


Es lo que vas a tener a partir de ahora. 



Eso es, tranquilo. Deja que se corra tu patética pichita.



Será nuestro secreto.