lunes, 10 de julio de 2017

ESTRENANDO TU REGALO

El fontanero llevaba en casa un rato antes de que llegara mi marido. Era el tipo de hombre que me pone burra: fuerte, brazos grandes, rostro curtido. 
-Si necesita usted algo de mí, sólo tiene que pedírmelo -le dije. 



En ese momento, llegó mi esposo, con un regalo inesperado. 
No celebrábamos nada. Pero así es él. 
-Hola cariño, ¿y esto?
-¿Lo he visto y he pensado en ti?
-¿Ah sí?




Entreabrí el misterioso paquete y vi la etiqueta de Victoria Secret. 
Hacía unos días estuvimos los dos visitando la tienda en el centro y me enamoré de un camisón. Como era muy caro, no me lo compré.
 Pero mi marido, que siempre es tan atento y cariñoso, me quiso dar la sorpresa. 

-Eres un cielo, amor. Gracias. 

-Espérate aquí fuera y no entres, ¿vale? 
Quiero probármelo y agradecértelo como te lo mereces.

-Está bien, esperaré aquí fuera -dijo el muy bobo.

El camisón era más sexy de lo que recordaba, me encantaba. 
Mi marido se había gastado un pastón en mí. 


Cualquier capricho es una orden para él, qué encanto. .
Soy muy afortunada teniendo un marido así. 

-Es precioso, cari. Me encanta. 
-¿En serio? Quería darte una sorpresa. Te lo mereces. 

La situación era de lo más morbosa. El fontanero seguía con su tarea justo al lado 
y yo decidí regalarle un espectáculo visual a espaldas de mi atento maridito. 

-Quiero probármelo antes de que me veas. 
-Está bien, amor. No tengas prisa. Yo me quedaré aquí fuera, pacientemente. 

-Esa es la actitud, amorcito. Lo bueno se hace esperar. 




Hay algo increíblemente erótico en el engaño.
 El hacer algo que no está bien, a escondidas. 




Hacer algo tan arriesgado que te pongas en peligro. 
Bordear el abismo es a veces lo más excitante que existe. 




-No vayas a entrar, ¿eh? Lo tienes determinantemente prohibido hasta que yo te lo diga. 

-Está bien, me estás poniendo como una moto, ¿sabes? ¿Cómo te queda? ¿Te gusta?



-Creo que me queda bien. No entres. 

El fontanero me besó como un animal salvaje, mientras mi marido seguía, muy obediente,
esperándome fuera a que me pusiera el carísimo camisón que me había regalado. 

El tío se sacó el pollón y me lo metió por el coño, sin más, con decisión. 
Me puso muy cachonda ver que se atrevía a llegar tan lejos. 

Intentábamos mantenernos en silencio estricto. 
Cualquier gemido o ruido sospechoso hubiera podido significar una catástrofe. 




Su polla era bastante más grande que la de mi marido 
y me estaba dando un placer nunca antes experimentado. 


-¿Te queda mucho?
-Un poco, cariño. Sé paciente. 


-Está bien. 


El fontanero me puso contra la pared. 
¡Estaba tan cerca de mi marido que incluso podía oler su monótono perfume de pringado!

Mi marido tan bueno, tan respetuoso, aguardando su recompensa al otro lado de la puerta sin saber que otro tío ya estaba estrenando lo que él había pagado a tan alto precio.

-Quiero estar perfecta para ti, cariño. No entres por nada del mundo, por Dios. 


-Estoy ansioso por vértelo puesto. Debes de estar muy sexy. 


-Cariño. Me vas a matar, pero me apetece mucho que me prepares una infusión. 
-¿Una infusión? ¡¿Ahora?!
-Te lo ruego. Baja a la cocina y prepárame una maldita infusión.
-Está bien, te noto un poco rara. 



Tan pronto como el buenazo de mi marido se fue a la cocina, 
aproveché para mamársela a aquel tío. 

Ahora que no tenía que hablar para fingir normalidad, 
podía disfrutar del sabor de una polla de verdad. 

No todos los días tiene una la oportunidad de comerse un pollón así, 
y una también se lo merece, vamos, digo yo. 


Me encantó cuando el tío se puso a follarme la boca. 
Me susurró: Joder, puta, no sé si me gusta más tu boca o tu coño. 


-¿Tú marido no sabe lo guarra que eres?
Le iba a contestar que "no", pero como soy muy educada, no suelo hablar con la boca llena. 

Perdimos la razón y comenzamos a follar con una libertad 
que sobrepasaba los límites del peligro. 

Incluso se me escaparon sonoros gemidos de placer sin ningún sentimiento de culpabilidad. 

-¿Sabes que tu marido puede entrar en cualquier momento por esa puerta?
-Oh sí, lo sé. ¿No es excitante? Fóllame, por favor. Me pone mucho ponerle los cuernos a ese imbécil. No pares. 

-¡Párteme en dos, joder!-grité como una inconsciente. 
-Shhh, estás loca, zorra. 

Mi marido en la cocina, complaciendo mi petición, 
y yo follada por un tío mucho más hombre que él. 

Los gritos de locura se me escapaban sin querer. 
Me estaba corriendo por todo el coño sin poder evitarlo.
Aquella polla era demasiado gorda para no hacerlo.  

-Me corro -balbuceé. 


El fontanero me puso a cuatro patas como la perra que soy y siguió penetrándome por detrás. 

Los dos sabíamos que íbamos a hacer descubiertos. 
Pero el morbo de sobrepasar el límite de lo correcto, el atrevimiento, la osadía de poner al límite a mi marido y ver qué reacción tendría cuando descubriera que nos estábamos riendo de él, era demasiado atrayente. 

El tío se corrió dentro de mí, llenándome con su templado semen justo antes de oír a mi marido subir los escalones.  


Aún estaba a tiempo de esconder al fontanero, de fingir que no había pasado nada,
 pero no lo hice. 


Me deleité en sentir cómo me goteaba el esperma de aquel desconocido de mis labios y en esperar el momento del desastre. 


Entonces mi marido entró. 



Su cara era un poema, tan sorprendido, tan tierno que no pude resistirme y le grité: 


1 comentario:

  1. Maravilloso este articulo wooow que mujer tan audaz asi es como debe ser una esposa con su marido atrvida espero que continue con su relato porque creo que lo corto y me dejo cachondo jajaja. Felicidades.

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